domingo, 21 de septiembre de 2014

NOVELANDO LA HISTORIA DE ESPAÑA en las VII Jornadas Literarias de ÁBRETE LIBRO


El próximo fin de semana, 27 y 28 de septiembre, tendrán lugar las VII Jornadas Literarias que organiza Ábrete Libro, uno de los más relevantes foros sobre libros y autores en lengua española. Los organizadores han tenido la amabilidad de invitarme a participar en una de las mesas del domingo 28 por la mañana (a las 11:00 h), que lleva por título Novelando la historia de España. Participaremos Pedro Santamaría, autor de títulos de éxito como Okela y Peña Amaya, y yo mismo, en una sesión moderada por Pablo Vara Montiel ("Otsu").

Os animo a asistir, no solo (¡aunque también!) a mi mesa, sino al conjunto de las Jornadas, que se celebrarán en La Casa del Lector, en Matadero Madrid. El programa tiene sesiones tan interesantes como la de Editar en tiempos de crisis, en la que participa Javier Baonza, de Ediciones Evohé; podéis consultarlo en:


Y para inscribirse:


Se trata de ofrecer unas mesas de tertulias literarias estructuradas en un debate-tertulia entre los ponentes y el moderador de cada mesa y fomentando que surja la interacción entre ponentes y espectadores, siendo siempre muy participativas.

Queremos reflejar una pluralidad de opciones en cada mesa, que elegimos entre literatura de género y cuestiones más amplias de tipo transversal para enriquecernos todos mutuamente.

Los temas elegidos para las sesiones de este año son:

- Editar en tiempos de crisis con Marian Womak de Nevsky y Javier Baonza, de Evohé.

- Novelando la historia de España, con Arturo Gonzalo Aizpiri y Pedro Santamaría.

- Nuevas tendencias del terror en la literatura hispana: Ismael Martinez Biurrun, Juan de Dios Garduño y David Jasso.

- Elitismo en la literatura con Jorge Díaz y Virginia Pérez de la Puente.

- Audiolibros.

PROGRAMA:

Sábado 27

11:00 – 12:30 Mesa redonda: Audiolibros

Ponentes: por confirmar o tertulia. Moderadora: Raquel Sánchez.

12:30 – 13:00 Descanso

13:00 – 14:30 Mesa redonda: Elitismo en la Literatura

Ponentes: Virginia Pérez de la Puente y León Arsenal. Moderador: Jorge Díaz.

17:00 – 19:00 Mesa redonda: Editar en tiempos de crisis

Ponentes: Marian Womak de Nevsky y Javier Baonza, de Evohé. Moderadora: Lucía Bartolomé

Domingo 28

11:00 – 12:30 Mesa redonda: Novelando la historia de España

Ponentes: Arturo Gonzalo Aizpiri y Pedro Santamaría. Moderador: por confirmar.

12:30 – 13:00 Descanso

13:00 – 14:30 Mesa redonda: Nuevas tendencias del terror en la literatura hispana

Ponentes: Ismael Martinez Biurrun, Juan de Dios Garduño. Moderador: David Jasso

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Puente del Mar Azul (El Museo de Arqueología de Cataluña)



Tras tantas visitas a Barcelona, conseguimos por fin acercarnos a visitar el Museu d'Arqueologia de Catalunya, en Montjuïc. Y mereció la pena; está lleno de cosas interesantes, especialmente centradas en la Protohistoria e Historia Antigua del Mediterráneo (por cierto que nuestro Mare Nostrum es bautizado, con acierto poético, como el Pont de la Mar Blava, el Puente del Mar Azul).

Me sorprendió conocer el rico patrimonio megalítico de Cataluña, y la magnífica colección de la cultura argárica almeriense, herencia de la labor de grandes arqueólogos catalanes como Bosch i Gimpera o Joan Maluquer. También me gustaron las salas dedicadas a la cultura talayótica menorquina y a la isla de Ibiza, la púnica YBSHM o Isla de Bes. Puestos a destacar algo en especial, me quedo con la notabilísima exposición sobre los íberos, desplegada alrededor del círculo central del museo. Hay piezas tan espléndidas como las del Tesoro de Tivissa, con el famoso plato de plata con la efigie de un lobo.

Sin embargo, llaman la atención las muy modestas dimensiones del museo, el escasísimo número de visitantes y la ausencia de una tienda/librería más allá de algunos objetos que se ofrecen en la recepción. El visitante queda con la impresión de estar ante el patito feo de los grandes museos catalanes, en especial después de haber visitado el imponente despliegue del Museu Nacional d'Art de Catalunya, a escasos minutos andando. No se puede dejar de sospechar que, de haber tenido las colecciones del museo un mayor potencial identitario, otro gallo hubiera cantado...















martes, 2 de septiembre de 2014

Un aplauso para Augusto en Évora (Cuaderno de viaje de Portugal)


El templo romano de Évora se alza en el corazón de la ciudad como si hubiera caído del cielo. Lo rodean los más solemnes edificios cristianos: la Sé, el convento dos Lóios, el Palacio de la Inquisición. Entre ellos, el templo con sus catorce columnas rematadas por capiteles corintios, de sobrio granito gastado por los siglos, parece un viajero llegado de muy lejos observado por un corro de ceñudos vecinos. Pero basta observar con un poco de atención para comprobar que los recién llegados son todos los demás. Mucho antes que visigoda, musulmana o cristiana, Ebora Liberalitas Iulia fue romana, y dominó las anchas planicies productoras de aceite y vino al sur del Tagus. Claro que para ello debió Roma sojuzgar a los lusitanos y, si ello fue difícil, se debió en gran medida a la figura de Sertorio, partidario de Cayo Mario y gobernador de la Hispania Citerior, que se erigió en defensor del pueblo ante la dictadura de Sila.

Durante casi diez años Sertorio, al frente de los lusitanos y de sus propias tropas, puso en jaque a las legiones enviadas contra él desde Roma. Como en el caso de Viriato, tan solo mediante el asesinato pudieron sus enemigos derrotarlo. Cuesta imaginar el mundo que habría resultado si Sertorio hubiera consolidado un gran reino lusitano-romano en el occidente de la península Ibérica.

Pero es, claro está, una reflexión ociosa. El caso es que ahora estamos en Évora, ante los majestuosos restos del templo que sirvió de santuario al culto imperial. Observándolo caigo en la cuenta de que dentro de cuatro días, el 19 de agosto, se cumplirá el bimilenario de la muerte de Augusto. Hace dos mil años, la comedia terminó para él. Y, a la sombra del templo en que lo veneraron los eborenses, merece que le recordemos con un aplauso.







jueves, 28 de agosto de 2014

La reparación de dos atropellos (La fragata Mercedes en el Museo Naval de Madrid)



Si las exposiciones temporales del Museo Naval de Madrid suelen ser como para no perdérselas, la actual, que puede visitarse hasta el próximo 30 de noviembre, es simplemente imprescindible. Se trata, ni más ni menos, de El último viaje de la fragata Mercedes. La rázón frente al expolio. Muchos llevábamos un largo tiempo esperándola, al menos desde el 31 de enero de 2012, cuando la Corte Suprema de EEUU zanjó a favor de España el largo contencioso impulsado por nuestro país para recuperar los restos de la Mercedes, expoliados por los piratas de Odyssey Marine Exploration. Al entrar en la exposición, el visitante siente por ello la satisfación de ver reparados dos atropellos: el del 5 de octubre de 1804, cuando la fragata fue hundida en tiempo de paz por buques británicos, y el intento de Odyssey de apropiarse de los despojos. 

La exposición se centra en los sucesos que condujeron a aquel combate frente al cabo de Santa María en otoño de 1804, cuando una flotilla de cuatro fragatas españolas se disponían a concluir la misión encomendada por Godoy: repatriar los caudales retenidos en Lima durante la guerra librada contra Inglaterra a partir de 1796, cuando España unió su destino al de Francia. Por cierto que son escasos los restos propiamente de la Mercedes; seguramente alguna otra exposición en el futuro se centrará en ellos.

Pero hay testimonios tan interesantes como los documentos oficiales que, presentados en los tribunales de EEUU, permitieron atestiguar el carácter oficial de la misión de la Mercedes: o el estupendo vídeo que reconstruye los avatares del combate, según la narración del comandante de la fragata Medea, José de Bustamante y Guerra: o la recreación, mediante un ingenioso juego de espejos, de la cubierta de una de aquellas fragatas, con sus imponentes cañones de doce libras.

La exposición, no obstante, no puede dejar de producir un cierto efecto agridulce. Alegra contemplar la espectacular vitrina con 1001 reales de plata de a ocho y dos escudos de oro, como testimonio de los bienes recuperados. Pero es triste constatar cómo España se desangró en aquellos años finales del siglo XVIII y primeros del XIX, en gran medida como víctima propiciatoria del enfrentamiento por la hegemonía europea entre Francia e Inglaterra. "Mis arsenales están agotados, mis navíos casi en la imposibilidad de armarse", le confesaba, en una patética demostración de impotencia, Carlos IV a Napoleón por aquel entonces.

Pero dejemos eso para otra ocasión. Hoy es día para recordar a los 275 oficiales, marineros y pasajeros de la Mercedes que murieron aquel día (y cuyos nombres se relacionan en un estremecedor panel), y para celebrar a la Armada y al Museo Naval por haber hecho posible la recuperación y divulgación de este magnífico testimonio histórico.













lunes, 4 de agosto de 2014

Richard Hamilton y la ley de la gravedad


Tras pasear durante toda la mañana por la exposición de Richard Hamilton en el Reina Sofía, llego a la conclusión de que comparto con él un punto de vista para observar e interpretar el mundo: ambos creemos que sobre cada punto gira y descansa todo lo que le rodea, que cada instante encierra la vida entera que lleva hasta él. Es uno de los principios que dan vida a mi literatura: la descripción de un instante contiene, al menos, todas las claves del observador. Cada palabra da testimonio de nuestra versión de los hechos.

Hamilton se expresa como artista condensando en el instante que captura la obra todo el territorio de lo contemporáneo. Ello es especialmente elocuente en el modo en que los interiores retratan su tiempo; por ello dice que cada detalle del interior de Las Meninas de Velázquez "es un testimonio de la historia de España". Y de ese modo se eleva a la categoría de arte el panteón con que el consumo y la cultura de masas ha poblado nuestros altares paganos.

El punto de vista de un artista genial como Hamilton permite, por la sola obra de su mirada, superar la banalidad inane de este mundo que aspira a fotocopiarse a sí mismo en todos sus rincones. Él nos dice que le gustaría pensar que "el propósito de mi arte es la búsqueda de lo épico en las actitudes y los objetos cotidianos". Yo creo que para que cada día sea un acontecimiento épico basta con enfrentarse a él declarándose insumiso a la ley de la gravedad. Para eso nos sirve el arte contemporáneo. No hay mejor refutación del aburrimiento y el conformismo.












lunes, 21 de julio de 2014

Lo que ignoran los caravaneros (Maqroll el Gaviero en Sidney)


De vuelta en casa, bastan las 22 horas de avión y el efecto amnésico del paisaje cotidiano para que Sidney se apresure a volver a ser ese punto remoto en el mapamundi desplegado en la pared del estudio. Pero eso no significa que el viaje no haya dejado latiendo un pálpito regular y profundo como el de un metrónomo.

Me traigo dos ecos de Australia. El primero es el espectáculo de la bahía de Sidney desde la habitación del piso 19 del hotel. El sur del mundo se despliega más allá de la cristalera y se maquilla de luces y sombras asombrosas en el transcurso del día y la noche. El puente, ensartado de tráfico como un incesante caudal sanguíneo. La ópera con su aspecto de molusco de alguna olvidada era geológica. Los trasbordadores repasando la bahía con sus pespuntes de espuma que van y vienen, se enredan y se esfuman. El espectador se siente alojado en una órbita inmóvil trazada sólo para él. Observa las luces vibrantes cuando despierta en mitad de la noche, saluda al ribete anaranjado que anuncia en el horizonte el amanecer, descifra el engranaje de luz y penumbra que recorta al mediodía el sol de invierno.

El segundo son las andanzas de Maqroll el Gaviero enhebradas en los husos horarios por Álvaro Mutis para felicidad de los viajeros. Acostumbro a buscar la compañía de Maqroll cuando pongo rumbo a los últimos confines del planeta. Me hace sentir miembro de la fraternidad de los nómadas sin remedio, de los viajeros irredentos a los que se hacen tan escasos una vida como un planisferio. Atardece en la bahía y leo:

Caía la tarde creando esa atmósfera traslúcida que paree invocar un efímero instante de la eternidad en medio de la recién nacida presencia de cada objeto.

Despierto con la confusión de la distancia horaria y Maqroll me revela su secreto:

Se veía avanzar la noche con la premura de un deber cumplido desde siempre por poderes que no nos tienen en cuenta.

El amanecer es siempre un territorio poblado de hallazgos, y del deseo de emprender el vuelo:

A cada uno, allá adentro, le comenzaban a vibrar esas alas que se despiertan ante la emoción de lo desconocido y la cercanía de la aventura y que anuncian algo como una recobrada juventud, un mundo que se antoja recién inaugurado.

Eso son los viajes: palabras y paisajes, el rumor de multitudes de rumbos y gentes dejándonos su música como un perfume adherido en los contornos de la piel. Dice Maqroll en Sidney:

Una caravana no simboliza ni representa cosa alguna. Nuestro error consiste en pensar que va hacia alguna parte o viene de otra. La caravana agota su significado en su mismo desplazamiento. Lo saben las bestias que la componen, lo ignoran los caravaneros. Siempre será así.

19 de julio de 2014




sábado, 5 de julio de 2014

La ventaja de los azules (con Rafael Soler en Berlín)


Junto a la puerta de Brandemburgo, en una superficie de 19.000 metros cuadrados, se extiende el campo de estelas con que el arquitecto neoyorquino Peter Eisenman alumbró el monumento a los judíos de Europa asesinados por el régimen nazi. Son 2.711 losas de hormigón gris extendidas en una estructura reticulada que parece ondularse por efecto de alguna marea inmóvil. Leo que pretende representar un sistema supuestamente ordenado que ha perdido todo contacto con la razón humana.

Tal vez, pero sospecho que Eisenman quiso además un lugar donde cada cual pudiera trazar sus propios senderos para tratar de comprender la magnitud del horror, y la forma de dejarlo atrás para seguir viviendo. Yo llevaba en el bolsillo el último libro de poemas de Rafael Soler, Ácido almíbar, y busqué la redención en sus palabras. Me recordó la forma de hacerle frente al miedo.

Para que nadie olvide el tamaño de su miedo

y siempre será el silencio la única respuesta
cuando proclames exigente
el aire que respiras
las manos con que amas y el cielo que te cubre
son tu manera de estar alzado entre las cosas.

Cuando el pavor nos deja mudos, escribir se hace más necesario que nunca.

escribo
porque cuerdo de atar estoy que vivo
y soy apenas lo que he sido
el otro que en silencio habla.

En el corazón geométrico del lugar descubro un silencio azul, cortado en ángulos de sombra.

Camino en dos horas auschwitz de tu urna

[...] y en su falso vuelo inmóvil
      en su alarmante quietud definitiva
[...] hay quien llama memoria a un epitafio.

Se trata de la muerte, la de los otros.

pues siempre es la muerte
asunto del otro cuando muere

y por tanto la nuestra. La muerte, como todos los asuntos humanos, nos atañe porque en ella latimos cada uno de nosotros. Antes de alejarme, leo el último poema del libro:

Que otra luz exista

Ahora toca santiguarse con un mapa
y renunciar al menú de los templados
al aire perfumado de los parques
al pan en su alacena

a ese domingo redentor
que dicen te aleja de la muerte

y salir
por una vez salir
al encuentro de los que no volvieron
y tienen al mar en sus rodillas

esa ventaja nos llevan los azules.


Berlín, febrero 2014