lunes, 31 de agosto de 2026

CON LOS VACCEOS DE BAMBA Y ARBUCALA

 


Según nos cuentan Polibio y Tito Livio, en el verano de 220 a. e. c. Aníbal Barca emprendió una campaña contra los Vacceos en la que «lanzó un ataque contra Salamanca y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala, debido a sus dimensiones, al número de sus habitantes, y también a su bravura, la tomó por la fuerza». Lo sorprendente es que aún no se conoce con certeza la ubicación de la brava y poderosa Arbucala vaccea. Aunque tradicionalmente se asociaba con Toro, en los últimos tiempos ha cobrado fuerza la opción del cerro del Viso de Bamba, una pedanía del zamorano municipio de Madridanos. Como comenté en un post anterior, un equipo de arqueólogos dirigidos por Carlos Sanz, responsable del Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg y de la Asociación Cultural Pintia, con el apoyo de una iniciativa de crowdfunding, de la Diputación de Zamora y del Ayuntamiento de Madridanos y, sobre todo, con el de los vecinos de Bamba, han lanzado un proyecto de investigación y excavación para sacarnos de dudas.

El sábado tuve ocasión de visitar con Carlos, Elvira Rodríguez y otros participantes en el proyecto, los hallazgos de la campaña de excavaciones de este año, en la que ha comenzado a salir a la luz, en lo alto del cerro, un santuario que se mantuvo en actividad entre los siglos XII y XVIII y, sobre todo, un gran asentamiento vacceo, plenamente compatible con la campaña de Aníbal, con una cronología de los siglos IV y III a. e. c. y una fase de destrucción con evidencia de troncos carbonizados, aunque han aparecido también fragmentos cerámicos posteriores, de los siglos II y I a. e. c. La superficie excavada muestra un espacio habitacional parcialmente rupestre, con silos, hogares y cimientos para dar firmeza a los muros de adobe, y también estancias subterráneas. Es un trabajo fascinante que no dejará de separarnos sorpresas en los próximos años y, si todo va bien, nos permitirá confirmar que nos encontramos ante la Arbucala de Aníbal.

Después de la visita nos reunimos con un público muy nutrido, incluidos un buen número de amigos, en el salón social de Bamba para celebrar la última jornada del ciclo de conferencias que los promotores del proyecto del Viso han organizado este mes de agosto para darle visibilidad. En esta ocasión salimos a escena Rafa Vega («Sansón»), magnífico humorista gráfico de El Norte de Castilla, que nos lo hizo pasar de maravilla con su charla, acompañada por la proyección de sus viñetas, sobre «Vacceos, celtas y otros tipos de cuidado»; y yo mismo, con la presentación de mi libro Tras las huellas de Aníbal (Almuzara 2022), que cuenta con un capítulo dedicado a Arbucala y al Viso de Bamba.

Lo mejor de todo fue disfrutar de la hospitalidad de los vecinos de Bamba, empeñados, como ellos mismos dijeron, en que su pueblo sea conocido como la «Bamba vaccea» y no como la «Bamba vacía». La cena colectiva que se organizó tras el evento fue una delicia, acogedora y campechana, con viandas y conversación a la altura de los más entrañables herederos de los vacceos de Arbucala. Vaya mi gratitud a todos ellos, por mantener viva la jama de Bamba Cultural e incluso apoyar la excavación con su trabajo voluntario, y, desde luego, a Carlos y Elvira y los demás arqueólogos del proyecto. ¡Un hurra por la Bamba vaccea!











































jueves, 27 de agosto de 2026

JULIO CÉSAR EN LOS FOROS IMPERIALES (Dibujos Arqueológicos XLII)

 

El deseo de emulación de la figura de Julio César y de la antigua Roma se ha repetido recurrentemente desde el Sacro Imperio Romano Germánico hasta el pasado siglo, causando especial furor en los regímenes totalitarios. La Italia fascista de Benito Mussolini se llevó la palma, ensalzando a César como «dictador perpetuo» en la estatua de la Via dei Fori Imperiali de Roma. César muestra en ella una expresión más bien triste, como si lamentara haber servido de inspiración a personajes tan perniciosos como el arrogante Duce italiano.




lunes, 27 de julio de 2026

SOY ASURBANIPAL en el CaixaFórum de Madrid

 


El reinado de Asurbanipal (669-631 a. C.) representa el cénit del imperio asirio, en términos de expansión territorial, abarcando desde el Nilo y el Mediterráneo hasta el reino de Elam, y de desarrollo económico y cultural. A ello contribuyó sobremanera la propia personalidad de Asurbanipal, quien, siendo hijo menor del rey Asarhadón (y nieto de Senaquerib y bisnieto de Sargón II), solo por una inesperada decisión de su padre, fue nombrado sucesor.

Para entonces, el futuro rey ya había aprendido a leer (incluso, según el mismo nos dejó dicho, textos de difícil interpretación en sumerio y acadio), escribir, interpretar augurios y hacer cálculos matemáticos. Ello fue en detrimento de su hermano mayor, Shamash-shun-ukin, quien recibió como premio de consolación la corona de Babilonia. Este arreglo solo calmó los ánimos durante unos años, pero a la postre no impidió que estallara una larga y cruenta guerra entre los dos hermanos que acabó costando la vida y el reino al primogénito. Fue entonces, con Babilonia sojuzgada, el reino oriental de Elam derrotado y tomada y destruida la ciudad egipcia de Tebas, cuando Asurbanipal hizo indisputado honor a su título de «Rey del mundo».

Esta historia es el tema central de la exposición Soy Asurbanipal que se exhibe estos días en el CaixaForum de Madrid. Incluye un gran número de piezas extraordinarias procedentes de la colección del British Museum, sobre todo relieves de una impactante calidad artística, representando escenas de caza y acontecimientos bélicos. Pero lo que más me impresionado son las tablillas de cera impresas con escritura cuneiforme, que formaron parte de los 10.000 títulos de la biblioteca real fundada por Asurbanipal, la primera que se conoce. De las obras de literatura mesopotámica que contiene, ninguna es tan famosa como la Epopeya de Gilgamesh, la obra épica más antigua conocida. Algunos de sus pasajes se muestran en sus tablillas originales en las vitrinas de la exposición, 26 siglos después de haber sido escritas. Y lo leemos exactamente como salió de la mano del escriba. Que me digan qué tecnología digital puede igualar eso.

Como suele ocurrir, el cénit no fue sino el anuncio de la decadencia. Veinte años después de la desaparición de Asurbanipal, Babilonia se tomó la revancha, redujo a cenizas Ninive, la capital asiria, e hizo desaparecer el reino de Asur, que durante tres siglos había gobernado los designios de Mesopotamia y de su vecindario.

No dejéis de visitar la exposición. Está hasta el 4 de octubre, y es una maravilla.
































sábado, 23 de mayo de 2026

El oppidum vetón de TAMUSIA (Villasviejas de Tamuja)

 


Visité el castro de Villasviejas de Tamuja el último fin de semana de febrero. La península Ibérica había sido zarandeada por nueve borrascas de alto impacto desde el comienzo del año (Goretti, Harry, Íngrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana, menudo santoral de temporales), y el sábado de sol y temperaturas casi de abril era como una bendición. En el aire se respiraba la impaciencia del campo por lanzarse a la primavera. El rocío había dejado los montes sembrados de minúsculas gemas brillantes; todo parecía ubérrimo y fecundo.

El castro consta de dos recintos amurallados. El primero, situado al norte, se construyó ex novo en el siglo IV a.e.c., cuando el fenómeno castreño se extendía por la cuenca extremeña del Tajo, en un pronunciado meandro del río Tamuja que le servía de protección natural, a la que se sumaron potentes murallas de pizarra en todo el perímetro. El recinto más meridional, situado al otro lado de una vaguada, se alzó dos siglos más tarde, a finales del siglo II a.e.c., ya con predominio de imponentes estructuras de granito, con murallas de tres metros de ancho y de hasta siete de altura. Aunque son limitadas las zonas que se han excavado desde el inicio de la investigación sistemática, llevada a cabo por Francisca Hernández en 1968, el uso de la moderna y maravillosa tecnología arqueológica―prospecciones geofísicas con georradar, vuelos con cámara de infrarrojo térmico―han permitido reconstruir en espectaculares imágenes 3D la que debió ser una de las grandes ciudades de la región, con un apretado caserío que alcanzó las siete hectáreas en el momento de su máximo esplendor, tras la construcción del recinto sur.

Según el trabajo sistemático de los investigadores del castro[1], este, como otros de la cuenca cacereña del Tajo, representa un cierto rompecabezas demográfico, que se pone especialmente de manifiesto en sus tres necrópolis conocidas, que recorren todo su periplo vital: en orden cronológico, El Mercadillo, El Romazal I y El Romazal II. Aunque Villasviejas es generalmente considerado vetón, en gran medida por estar en el centro de una comarca rica en esculturas zoomorfas semejantes a los verracos vetones, muestra grandes diferencias con el área vetona canónica al norte de Gredos, encuadrada en la llamada cultura de Cogotas, que toma como referencia al homónimo castro abulense. En realidad, Villasviejas, que acuñó moneda en el siglo II a.e.c. con el nombre de Tamusia, parece ser una encrucijada con abundantes influencias ibéricas procedentes del sur en el siglo IV a.e.c., un permanente sustrato lusitano y una creciente celtiberización hasta la llegada de los romanos.  Si debiéramos darle un apelativo a Tamusia, bien pudiera ser «la mestiza». Aunque, bien pensado, en la Antigüedad, como en gran medida nuestros días, pocos lugares hubieran podido ser ajenos a tal atributo de riqueza y diversidad.

El paseo por Villasviejas es realmente una delicia. El Ayuntamiento de Botija, a pesar de no estar precisamente sobrado de recursos, está haciendo un esfuerzo hercúleo por poner en valor su patrimonio arqueológico, en colaboración con el Instituto de Arqueología―Mérida y la Universidad de Extremadura, y el recorrido por el castro está perfectamente acondicionado para el disfrute y la información del visitante, con señalítica, paneles informativos y bancos estratégicamente situados en los mejores rincones; con un centro de interpretación en el centro del pueblo, y hasta con una app que debe permitir―digo eso porque está disponible solo en Android, y mi móvil tiene otro sistema operativo―vivir una experiencia virtual 360° durante el recorrido.

Visito los restos de los grandes torreones defensivos de hasta veinte metros de lado, las manzanas de viviendas que han sido excavadas, las murallas bimilenarias cubiertas de liquen, las recreaciones de las calles que duermen bajo los pasos esperando salir a la luz. Es como si aquel otro mundo no hubiera desaparecido para siempre, sino que tal vez estuviera esperando su momento para volver a cobrar vida. Tal vez seamos nosotros mismos quienes le demos su oportunidad, sin más esfuerzo que prestar atención, pasear los antiguos senderos de Tamusia, que no dejan de volver a la vida cada primavera, y pedir a nuestros gobernantes que hagan sitio en las muchas necesidades de la vida pública para dignificar uno de los tres grandes ingredientes de nuestro destino compartido: el pasado. Los otros dos son, claro está, el presente y el futuro. Estos sin aquel son un artefacto con pies de barro, desarraigado.

Voy concluyendo la caminata sin que cese ni un instante la música del crecido caudal del Tamuja, el silbido de los pájaros y lejanos ecos de latón de los cencerros de las ovejas. Llegando al coche me cruzo con los primeros paseantes de la mañana. Nuestros comentarios banales no deben de ser muy distintos de los de aquellos tamusienses de hace veintidós siglos, que seguramente no debían de tener conciencia de ser ni vetones, ni celtíberos, ni carpetanos, ni oretanos ni lusitanos. Tal vez ellos se consideraban sencillamente «nosotros». Hasta que llegaron «ellos», los romanos, y su ilimitado mundo de guerras, transformaciones, tragedias y mestizaje que dio paso a ese paciente proceso de uniformización que fue la romanización, la primera gran globalización de nuestro mundo occidental. No quisiera cargar mis palabras de un tinte negativo. Al fin, y al cabo no dejo de considerarme un descendiente tanto de los unos como de los otros. De «ellos» y de «nosotros». Nos iría mejor si todos nos reconociéramos a nosotros mismos de ese modo.



[1] Hernández Hernández, Francisca; Galán Domingo, Eduardo y Martín Bravo, Ana María, El proyecto Villasviejas de Tamuja. Análisis global de un asentamiento prerromano, en Op. cit., Museo de Cáceres, 2009.


















































jueves, 30 de abril de 2026

DIÁLOGOS de ESCULTURA IBÉRICA en el MAN

 


Si sois, como yo, amantes de la escultura ibérica, no os podéis perder los «diálogos» entre algunas de las más destacadas piezas de la colección permanente del MAN y sus «hermanas», procedentes de los mismos yacimientos españoles, que permanecieron en el Louvre cuando, en 1941, se devolvió parte del patrimonio comprado por esa institución a finales del siglo XIX, aprovechando la inexistencia de legislación de protección del patrimonio en nuestro país.

Es maravilloso ver reunidas de nuevo las parejas de esfinges de El Salobral (Albacete) y Agost (Alicante), por ejemplo, o el conjunto de guerreros y acróbatas de Osuna, en atractivos montajes temporales desperdigados por las salas del museo. Aunque deja un cierto regusto amargo saber que, a partir del 10 de mayo, las piezas recuperadas temporalmente, verdaderas obras maestras, volverán a su hogar parisino.