martes, 26 de abril de 2016

LA NOCHE DE LOS LIBROS EN ALCALÁ DE HENARES


El pasado viernes tuve el placer de celebrar la Noche de los Libros en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid en Alcalá de Henares, dirigido por mi amigo Enrique Baquedano.  Con la organización de Hislibris y la moderación de Javier Baonza, participé junto a tres magníficos escritores -León Arsenal, Gabriel Castelló y Augusto Rodríguez de la Rúa- en una mesa redonda sobre Palabra de Historia: Hechos y ficción en la novela histórica de la España antigua. Tuvimos una conversación muy animada y me alegró poder saludar a Atenea, una activa hislibreña complutense.

Antes de la mesa pudimos visitar la espléndida exposición temporal que se muestra ahora en el MAR: Los Escipiones. Roma conquista Hispania. Vaya mi gratitud a Miguel Contreras, arqueólogo del museo, que nos brindó su sabiduría, y a Luis Palop. responsable de difusión y comunicación, por apoyar el evento y hacernos sentir como en casa.

La exposición sirve de continuación a la que en 2013 llevó por título Fragor Hannibalis. Aníbal en Hispania. Como aquella, está comisariada por Manuel Bendala y cuenta con espectaculares ilustraciones de Albert Álvarez Marsal. No os la perdáis; está en Alcalá hasta el próximo 4 de septiembre.















viernes, 15 de abril de 2016

VÍCTIMAS Y CHAMANES: LOS CALCOS DE ARTE RUPESTRE DEL MNCN


Observar las representaciones del arte rupestre siempre me produce sensaciones ambivalentes. Por una parte me conmueve encontrar de un modo tan cercano la huella del espíritu humano en el legado de gentes que vivieron hace decenas de miles de años. Por otra me asomo a un universo simbólico y a un sentido mágico tan ajenos que me dejan dentro una estela de turbia inquietud. ¿A quién representan esas extrañas figuras con cuernos o sombreros? ¿Son los chamanes que ofician el sacrificio o las víctimas que se inmolan en él? ¿Son seres de este mundo o de otros cuya existencia ya no nos es dado conocer?

También produce emoción el rincón dedicado a los científicos de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas que realizaron los calcos de las pinturas hace un siglo. Las condiciones en que llevaron a cabo su trabajo personas como Juan Cabré y Francisco Benítez Mellado, y los testimonios de su formidable esfuerzo, evidencian una dedicación casi heroica. Muchos de los dibujos y pinturas que nos dejaron reproducen asombrosas obras de arte que ya no existen, desaparecidas por el vandalismo o el abandono. Sin los científicos de la CIPP jamás hubiéramos podido conocerlas.

No se me ocurre mejor expresión de gratitud que dibujar yo mismo sus dibujos, para revivir la experiencia compartida con ellos y con aquellos remotos ancestros de ver brotar los símbolos entre la tinta.


La exposición Arte y naturaleza en la Prehistoria está en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid hasta el 19 de mayo de 2016.





















jueves, 31 de marzo de 2016

LA ALTURA MÁGICA DE ULACA


Llegar al castro vettón de Ulaca al atardecer, cuando en las cumbres de Gredos se suceden los rompimientos de gloria y el mundo parece haber quedado deshabitado de repente, me produce una emoción difícil de olvidar. Llevaba mucho tiempo esperando ver el altar escalonado de los sacrificios, y ante él compruebo cómo, en las cubetas excavadas en el granito, el líquen ha reemplazado con la misma avidez a la sangre que se vertió en ellas hace dos milenios. Era imposible no escuchar los ecos de la espiritualidad de quienes oficiaron aquí sus ritos de la vida y la muerte.

Y después la sauna sagrada, tallada también en la piedra. Cuántas veces he dejado volar la imaginación viendo esa imagen: la escena de El heredero de Tartessos en que Gerión pasa su rito iniciático está inspirada en ella. Caigo en la cuenta de que ha pasado ya una docena de años desde que aparecieron Gerión, Anglea y los demás; es como si hubiera ido construyendo una familia paralela que en la altura mágica de Ulaca adquiere casi la materia de lo real.

Regreso cuando empieza a escasear la luz, buscando los hitos pintados de amarillo que jalonan el camino. El valle de Amblés se extiende hacia el horizonte como un mundo remoto e inaccesible. A mi espalda crece una soledad sin límites. Me parece imposible que Madrid espere a poco más de una hora de carretera.





















viernes, 18 de marzo de 2016

EL BERRUECO: EL CERRO DE LOS VETTONES (Tras las huellas de Aníbal V)


Aunque el trayecto de la célebre expedición de Aníbal a la Meseta en la primavera de 220 a. C., a tierras de vettones y vacceos, no se conoce con precisión, los especialistas estiman que el tránsito desde el valle del Tajo en tierras extremeñas hacia la Meseta Norte debió producirse por el ancho corte en el Sistema Central, entre las sierras de Gredos y de Gata, conocido como la Cañada de Béjar. Es un paraje espectacular, especialmente en primavera: las laderas que ganan altura poco a poco hacia el puerto de Béjar (924 m) están tapizadas de cerezos y retamas en flor, produciendo un mosaico de teselas vegetales en todos los tonos de verde, amarillo y blanco. En las proximidades de Béjar el paisaje se abre hacia la izquierda en ondulaciones agrestes hacia el horizonte, mientras que a la derecha se prolonga la cadena de montes próximos, amenazantes, con sus cumbres aún nevadas. Hay canchales de granito repartidos por todas partes, como si hubieran caído en desorden del cielo. Y a lo lejos, oscuro y aislado, rodeado de un vasto circo de montañas en la distancia, emerge el cerro de El Berrueco. 

Tomamos una carretera secundaria y nos dirigimos hacia él por el fondo de un valle de un valle cubierto de robles con la ramas aún desnudas; y fresnos y castaños cuyos primeros brotes crean una evanescente niebla de color verde pálido. Nos detenemos en el pueblo de Medinilla donde, en un antiguo lavadero de piedra y con un exiguo apoyo público, principalmente municipal, un grupo de arqueólogos enamorados de su trabajo han puesto en marcha un ejemplar centro de interpretación del cerro. Por pura casualidad resulta que llegamos en un momento en que un miembro del equipo atiende a los visitantes (1º sábado y domingo de cada mes de 11:00 a 13:00 horas), y así conocemos al Dr. Óscar López Jiménez, Director Científico del proyecto. 

De su mano descubrimos la larga secuencia de núcleos habitados en el cerro, desde el Neolítico al Hierro, pasando por el Calcolítico y el Bronce. No es de extrañar dadas sus excepcionales virtudes para el control territorial, con sus 1.300 metros de altura y un área de dominio visual de 3.384 km2 a su alrededor, incluyendo las salidas de la Cañada de Béjar y del puerto de Tornavacas, hasta Salamanca.

En un conjunto de aterrazamientos que descienden por la falda noroccidental del cerro prosperó allá por los siglos IV y III a. C., el castro vettón llamado hoy de Las Paredejas, cuyo más brillante emblema es una espectacular diosa alada fenicia fundida en bronce. Desafortundamente del castro no quedan prácticamente vestigios urbanos; ni rastro, por ejemplo, de las poderosas murallas de otros célebres poblados vettones como Ulaca o Las Cogotas. Pero resulta interesante tomar nota, como nos señala Óscar, de que el paso de la expedición de Aníbal por estos parajes parece estar relacionado precisamente con el declive o destrucción de Las Paredejas y la emergencia del castro de Los Tejares en el castro vecino de La Atalaya. Por cierto que si los vettones de Las Paredejas debieron vérselas con los cartagineses de Aníbal, los de los Tejares se enfrentaron ni más ni menos que a los romanos de Julio César, el cual exigió mediante un decreto la completa destrucción de las murallas.

En todo caso, el centro de interpretación y el cerro merecen sin ninguna duda una visita. Y, de paso, puede comprarse algún artículo que ayude a mantener este magnífico proyecto.

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