viernes, 3 de julio de 2015

EL LEÓN DE CÁSTULO (Tras las huellas de Aníbal II)


El 28 de noviembre de 2013 el diario El País publicaba, en su edición de Andalucía, una noticia bajo el titular: Descubierta en el yacimiento de Cástulo la escultura de un león ibero-romano, firmada por Ginés Donaire. La fotografía que acompañaba al artículo mostraba una pieza de gran tamaño y factura realmente extraordinaria: un león de gran realismo, con las guedejas de la melena cuidadosamente trabajadas, las fauces entreabiertas y las garras delanteras sujetando la cabeza de un hombre sometido. A juicio del director de las excavaciones, el arqueólogo Vicente Barba, la escultura debió estar situada en una puerta importante "que se construye por una determinada cuestión ceremonial, o de una puerta relacionada con la Segunda Guerra Púnica". El reportero da un paso más y afirma que "los expertos valoran ahora si esta puerta podría ser la que utilizó el cartaginés Aníbal cuando fue en busca de la princesa Himilce".

Se comprenderá que quedé fascinado por la idea. ¡De modo que tal vez los ojos de arenisca de aquel león, abiertos para siempre en su rostro atónito, vieron pasar a Aníbal cuando llegó a Cástulo en aquella trascendental visita! Si fuera así, este animal de piedra sería el único testigo conocido del paso del Bárquida por nuestro solar, lo que no sería cosa menor para quien, como yo, está casi más inclinado a creer en las almas de las estatuas que en las de los humanos.

Así las cosas, llegó una Semana Santa en la que pude convencer a Ángela para que emprendiéramos una ruta arqueológica que, comenzando en la jiennense Linares, nos permitiera verlo y tocarlo de primera mano, en el convencimiento de que alguna revelación debía producir la experiencia. Y no quedamos defraudados, porque además de la arqueología, el bullicio estruendoso y pintoresco de las procesiones que enhebraron las calles de Linares en aquellos días nos proporcionaron abundante condimento etnográfico digno de atención.


El Museo Arqueológico de Linares se sitúa en el centro antiguo del pueblo, en un palacio renacentista del siglo XVII que perteneció a la familia Dávalos. Su creación en 1956 fue iniciativa de Rafael Contreras de la Paz quien, tras ejercer como juez y fiscal en diversos destinos, se retiró a su pueblo al jubilarse, emprendiendo una enérgica actividad de defensa del patrimonio arqueológico de aquella tierra. No sólo promovió la creación del museo, sino que fundó y dirigió la revista Oretania y consiguió que el Estado comprara el yacimiento y pusiera en marcha las excavaciones, en las que también participó activamente, según relata José María Blázquez, académico de la Historia y experto sobresaliente en la protohistoria de España. Valgan, por cierto, estas palabras como homenaje a Rafael Contreras, gracias a cuya tarea, infatigable y altruista, Cástulo no deja de revelar tesoros y secretos en nuestros días. 


Desde que cruzamos el umbral nos seduce esa tranquilidad rural de los pequeños museos arqueológicos municipales. Hay en ellos una penumbra intemporal, un hospitalario sosiego; en el silencio las voces de los escasos visitantes levantan ecos que no tienen prisa por extinguirse. La exposición se distribuye en dos plantas alrededor de un patio con aire de claustro con un mosaico romano en su centro, circundado por un pórtico de arcos de medio punto de ladrillo y columnas de piedra. Hay una extraordinaria profusión de piezas íberas y romanas distribuidas en pedestales y vitrinas que muestran los ajuares funerarios de las necrópolis de Cástulo. Hay urnas cinerarias, falcatas amortizadas con violencia, puntas de lanza y flecha, regatones, glandes de honda, joyas, piezas de cerámica griega, cereales renegridos que dan testimonio de banquetes celebrados en el más allá.



Todo a nuestro alrededor formula la paradoja de pretender mostrarnos la vida cotidiana en el Cástulo de los íberos a través de los objetos con que se acompañaban en la muerte. Hay algunos que llaman especialmente la atención: una elegante esfinge de bronce de largas alas extendidas hacia atrás tocada con una tiara egipcia; un quemaperfumes con dos cérvidos y un felino sentados en su borde, como si hubieran entablado una mutua vigilancia que hubiera de prolongarse durante toda la eternidad. La cartela me revela que esas maravillas son del siglo VI a. C. y proceden de la tumba de Los Higuerones; ilustran con elocuencia el esplendor de las culturas del sur de la península cuando Roma no era todavía sino una belicosa ciudad en el centro de Italia. 

La espiritualidad la ponen los exvotos, también de bronce, del santuario de Santa Elena, uno de los lugares sagrados en las serranías del norte que frecuentaron durante siglos las gentes de Cástulo. Nada hay en el museo que transmita tanta humanidad como esas figuritas que expresan emociones de gratitud, esperanza o temor indistinguibles de las nuestras. Una se cubre el pecho con los brazos, otra muestra las palmas de las manos con expresión de desnuda humildad. Es imposible no ponerse en el lugar de quienes depositaron en ellas la vastedad de su alma a la hora de entregárselas a los dioses.





En conjunto, todo tiene un aire vetusto y destartalado, como si desde los tiempos de D. Rafael el museo esté esperando la reforma que estos tiempos de crisis no dejan de posponer. Poniéndole humor y ánimo constructivo, el visitante puede disfrutar la sensación de estar descubriendo un tesoro antiguo y clandestino.

Alrededor del patio se disponen los leones de piedra arenisca de la necrópolis ibero-romana, todos con la boca entreabierta en expresiones muy diversas, desde la intimidación a la lástima pasando por el puro cachondeo. Y en un lugar de privilegio, junto a la entrada, está el más imponente de todos ellos, el considerado por excelencia león de Cástulo, el que flanqueó, junto con un mellizo hoy perdido, aquella puerta que acaso un día cruzara Aníbal. Es una escultura espectacular, con una talla pulcra y precisa muy expresiva. La boca abierta mostrando los colmillos, la pelambre flameante, las orejas atentas, las pezuñas sujetando la cabeza de un enemigo caído, los ojos abiertos de par en par sirven de advertencia a los viajeros de que con el poder de Cástulo no se juega.

Pedimos a Pepi, la amable mujer que nos ha atendido en la entrada al museo, información sobre la visita al yacimiento, y entablamos con ella una conversación sobre los viejos tiempos, cuando casi nadie en Linares prestaba atención a los tesoros enterrados en el cerro que se alza junto al Guadalimar. "La gente de Linares iba por allí a revolver y coger monedas", dice Pepi con un gesto de alegre sorpresa, como si no acabara de creerse todo lo que cada campaña de excavación va sacando a la luz, mientras mira de reojo la imponente majestad del león de Cástulo. Es imposible no hacerlo.





viernes, 19 de junio de 2015

Dibujando la Dama de Elche en el Arqueológico


Tras un par de ratos dibujando en el Museo Arqueológico Nacional empiezo a ver el rostro de un ser humano de carne y hueso en el busto de la Dama de Elche. No conozco forma mejor de sentirme próximo a aquellas gentes. Es imposible no quedar deslumbrado por la belleza y la enigmática ternura que transpira.

sábado, 30 de mayo de 2015

Arturo Gonzalo Aizpiri firma en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2015


Un año más, y si no me falla la memoria ya son seis consecutivos, estaré firmando en ese acontecimiento maravilloso que es la Feria del Libro de Madrid. Felicitémonos de que ni la crisis ni un buen puñado de gobenantes poco inclinados a la cultura hayan conseguido acabar con ella. Para un autor, no hay ocasión más esperada. Es el momento de la verdad, cuando uno se encuentra cara a cara con el lector, sin filtros ni intermediarios, y la experiencia siempre merece la pena. Y es también la oportunidad para cruzar un abrazo con muchos amigos, algunos hechos precisamente en otros días de firma en la Feria. Tal vez el próximo sábado 13 de junio, a las 13:00, iré con menos nervios que los primeros años, pero no con menos emoción. Ójala nos veamos alli. 

viernes, 24 de abril de 2015

"EL CÁLIZ DE MELQART" Premio Hislibris a la MEJOR NOVELA HISTÓRICA 2014 (Nota de Prensa)


El pasado fin de semana, en el transcurso de los Encuentros Hislibris celebrados en Murcia, El cáliz de Melqart fue galardonado con los premios a la Mejor Novela Histórica 2014 y Mejor Portada Histórica 2014. Que mi segunda novela, publicada por Evohé, una editorial excelente por su compromiso con la literatura pero de modesto tonelaje comercial, haya recibido este reconocimiento, me demuestra varias cosas. Primero, que la advocación a Melqart debe haber puesto en juego ignotas potencias sobrenaturales. Segundo, que cuando se materializa un sueño la felicidad es directamente proporcional a lo descabellado de aquel. Tercero, que Sandra Delgado es la mejor portadista e ilustradora histórica de que se tiene conocimiento por estas latitudes. Y, cuarto, que Hislibris es una comunidad maravillosa donde todo lo bueno es posible.

Vaya mi felicitación a toda la gente de Hislibris por lo meritorio que es haber llegado con la ilusión, el sentido del humor y la amistad intactos hasta su décimo aniversario. Ójala podamos hacer que esta gran familia voluntaria de amantes de la Historia y la palabra cumpla muchos aniversarios más. Y vaya mi gratitud a todos los que han tenido que ver con esta gran alegría que me he llevado: Javi Baonza, Sandra, Nausícaa (quien además recibió el premio en mi nombre), Íñigo (que lo presentó en nombre del jurado), Akawi (que organizó los Encuentros) y todos los demás.

Para quien quiera leer la genial crónica de los Encuentros:


Para terminar, como espero que disculpable concesión al mayor regocijo del autor, allá va la nota de prensa difundida por Ediciones Evohé:


 “El cáliz de Melqart” de Arturo Gonzalo Aizpiri ganadora de las categorías MEJOR NOVELA HISTÓRICA 2014 y MEJOR PORTADA 2014 en los VI Premios de Literatura Histórica Hislibris
“Muchos personajes, bien dibujados con sus motivaciones perfectamente creíbles (venganza, poder, lujuria...) en ubicaciones espaciales y temporales muy diferentes y bien descritas, en una serie de subtramas en las que se dosifican muy bien acción, reflexión, intrigas... Una novela de aventuras, sí, pero no solo eso. Me ha gustado mucho y la he disfrutado de principio a fin”, señalaba Ernesto Pérez Aparicio. “Me ha parecido un novelón en el más puro y clásico sentido. Una obra emocionante, algo difícil por la complejidad de la trama y el gran número de personajes activos. Pero eso no es desde luego una objeción, sino un elogio”, añadía Luis Villalón.

La obra se desarrolla en plena fundación de Cartago Nova. Tras la muerte de Amílcar Barca, su yerno Asdrúbal se pone al frente de la administración cartaginesa en Ispania. Con el apoyo del joven Aníbal logra importantes victorias diplomáticas y militares e inicia la construcción de una nueva capital: Qart Hadasht. Los éxitos de los Bárquidas despiertan el recelo de Roma y de sus rivales políticos en la propia Cartago, y parecen hacer inevitable el enfrentamiento con los pueblos íberos que se mantienen libres, en especial con los oretanos de Hélike, dirigidos por Orissón. Un suceso inesperado cambia súbitamente el tablero de juego. El legendario cáliz del dios Melqart, sobre el que se fundó el antiguo reino de Tartessos, regresa del pasado y desencadena un vendaval de rivalidad y ambición, de lealtades e intrigas, que precipita la lucha por el dominio de la península ibérica. El cáliz puede proporcionar la legitimidad para unificar a los pueblos íberos bajo una nueva dinastía. O acaso sirva, precisamente, para evitarlo. El destino de Ispania y el curso del enfrentamiento entre Roma y Cartago dependerán de ello.

Violeta Otín destacaba que “la recreación de algunos ambientes resulta realmente poética. Personajes de carne y hueso, algunos más arquetípicos que otros con su función que cumplir en la historia, secundarios atractivos, y una excelente recreación del momento histórico. Aparte de la extensa documentación que se huele pero no se exhibe de forma agobiante, no hay mentalidades que desentonen, ni formas de pensar extrañas. Los personajes actúan y se expresan de forma coherente, lo sobrenatural pende sobre la historia como debe ser de acuerdo al momento... La verdad es que me ha encantado”.

Tras el éxito de “El heredero de Tartessos” (3 ediciones y miles de ejemplares vendidos), este fresco de la península ibérica en los tiempos en los que Roma y Cartago luchaban por el dominio del Mediterráneo prosigue el fulgurante camino de Arturo Gonzalo Aizpiri (traductor, poeta y editor, aparte de novelista) y le confirma como una de las promesas más firmes del panorama literario español.

lunes, 13 de abril de 2015

BAELO CLAUDIA según SERGIO ÁLVAREZ


Espléndida lectura de poemas de Sergio Álvarez el pasado viernes en el Café Libertad 8, durante la presentación de su primer poemario, Las islas del río, publicado por Ediciones Evohé. Fue, como habíamos anticipado, una tarde para recordar, de la que todos salimos con una sonrisa de emoción negándose a borrársenos de los labios. ¡Enhorabuena, Sergio, y también a Marta por lo mucho que el libro tiene de ella!

Sergio ha tenido la generosidad de dedicarme un hermoso poema, iluminado por evocaciones clásicas y por el ritmo de los días y las noches junto al mar, a cielo abierto. Me tomo la libertad de reproducirlo, como testimonio de admiración y gratitud hacia su autor.


PAISAJE (BAELO CLAUDIA) - SERGIO ÁLVAREZ
Para Arturo Gonzalo Aizpiri, con gratitud, cerca de las columnas de Melqart


“..la inmovilidad de hechizo risueño

de un hermoso día en el Mediterráneo

a veces sin aliento, pero jamás sin vida”

Joseph Conrad.


Del fuego de los Dioses queda el humo:

las nubes,

y en tierra sólo crece la humildad.

El aire tiene un sueño de ceniza

y el verde es un pedazo de cristal.

Los hombres fueron sabios, pero ancianos.

El tiempo se ha dormido en la corteza.

Arder es comenzar la nueva vida.

Morir es respirar la dulce arena.

El fruto, en el arbusto, es una herida,

La vida es solo un corto dormitar.

Las piedras son rescoldos del pasado

que nunca lograremos descifrar

La luz que vas buscando con tu sombra

se escapa dispersada en mil abejas

que vuelven a enjambrarse cada noche

en velas que aún resisten, en hogueras.

Y el aire huele a espliego y a resina.

Qué importa si marcharse o regresar.

De toda la belleza que hubo aquí

mi voz tan solo expresa los recuerdos

El sol como un bostezo, los pinares,

el pulso de la vida en la enramada.

Contemplo este paisaje y no estoy solo.

El viento de la playa me despierta

y el mar levanta el cuello para ver:

las olas.

lunes, 6 de abril de 2015

EVOHÉ presenta "LAS ISLAS DEL RÍO", de SERGIO ÁLVAREZ


El próximo viernes 10 de abril, a las 19:00 horas, en el Café Libertad 8, Ediciones Evohé presenta Las islas del río, primer poemario de Sergio Álvarez, con la participación del propio Sergio y de un servidor. Es un libro magnífico, que cuenta además con bellísimas ilustraciones de Marta Muñoz, con islas-poemas que, como dice el autor, organizadas en los archipiélagos de siempre: el amor, la amistad, la lucha contra el olvido y el tiempo, nos proponen un viaje inacabado, un alto en el camino, para tomar el aliento que tendremos que seguir compartiendo.

Arrójale tus días, tus horas,
tus desvelos,
tus besos, tus caricias, tus iras,
tus recuerdos.
Pues nada más importa.
Lo que importa es el fuego.

Nos vemos el viernes en Libertad 8.

lunes, 30 de marzo de 2015

EL RETRATO DE ANÍBAL en el MAN (Tras las huellas de Aníbal I)


La explicación en el panel situado junto a las salas del Museo Arqueológico Nacional dedicadas a la Hispania Romana es extraordinariamente escueta. Bajo el título De Iberia a Hispania reza:

"A partir de 237 a. C. Iberia se convierte en campo de batalla de las dos grandes potencias del Mediterráneo Occidental: Roma y Cartago. La II Guerra Púnica (218 - 202 a. C.) provocó la entrada de Roma en la península. Comenzó anexionándose los territorios bajo control cartaginés y continuó ampliando su dominio".

Junto a él, una única vitrina con el rótulo Iberia, entre Roma y Cartago, amplía la información:

"En 237 a. C., tras su derrota en la I Guerra Púnica, Cartago, empobrecida y endeudada, emprende la conquista de Iberia en busca de nuevos recursos, especialmente los metales preciosos de las minas del Sur. Roma, que no podía permitir la recuperación de su enemigo, comienza en 218 a. C. una nueva guerra, la II Guerra Púnica. Las dos potencias se enfrentan en suelo hispano, involucrando a la población indígena, hasta la derrota del líder cartaginés Aníbal en 202 a. C.

Romanos y cartagineses encuentran en la península un complejo panorama de culturas y pueblos que, a lo largo del s. III a. C., se habían organizado en torno a ciudades-estado. Inmersas en la guerra, apoyaron a uno u otro bando en función de sus intereses, aportando dinero, víveres o soldados."

Punto y final. Esto es todo lo que nos explica mi venerado MAN sobre la presencia en el territorio ibérico de la dinastía cartaginesa de los Bárquidas, en uno de los periodos de la Historia Antigua que más impacto tendrían en el curso de los acontecimientos en el ámbito mediterráneo y, en gran medida, universal. ¿Nada más que decir, que explicar, que matizar? ¿Realmente las culturas y pueblos que habitaban la península dispusieron del margen de libertad para elegir bando en función de sus intereses? Aníbal fue ciertamente derrotado en 202 a. C., pero muy lejos ya de la península Ibérica. ¿Qué precio pagó lo que poco después habría de conocerse como Hispania por esa derrota?

Busco alguna información adicional en las cartelas de las piezas que alberga la vitrina. Se trata de 25 monedas de cada uno de los bandos del conflicto, bajo los epígrafes de Monedas para una conquista y Dinero para la guerra. Dos formas, por cierto, de decir lo mismo. Me llama la atención un conjunto de cuatro grandes monedas cartaginesas de plata representando respectivamente dos bustos masculinos, uno femenino y un caballo. La leyenda sugiere: "Es posible que estas cabezas sean retratos disimulados de los generales cartagineses Amílcar y Aníbal Barca, retratados con atributos divinos".

¿Disimulados? Traigo a la memoria la exposición Fragor Hannibalis. Aníbal en Hispania, que albergó el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares, entre julio de 2013 y enero de 2014, comisariada por Manuel Bendala Galán. Mi más sincera enhorabuena, por cierto, tanto a él como a Enrique Baquedano, director del Museo, por la exposición y por el magnífico catálogo que publicaron para ella. En él se incluye un revelador artículo de Mª Paz García-Bellido sobre El nacimiento del retrato monetario en Occidente y la familia Bárquida. Tiempo habrá de volver sobre la iconografía de los Bárquidas, pero la identificación de los retratos de Amílcar y Aníbal, padre e hijo, en las monedas que se acuñaron en su tiempo, parece indiscutible. Ambos tienen rasgos muy similares, dando la razón a Tito Livio, quien subrayó el parecido físico entre ambos como una de las razones que facilitaron el apoyo del ejército cartaginés a Aníbal tras la muerte de su cuñado Asdrúbal. Amílcar muestra signos de más edad y tiene barba, contrariamente a su hijo quien, en cambio, luce unas caracterísiticas largas patillas. Ambos tienen la cabeza ceñida por una corona de laurel y llevan al hombro la clava de su dios protector, Hércules o Melqart. El metal nos dice poco más; echándole un poco de imaginación puede intuirse la boca firme y la mirada lanzada al horizonte.

¿De modo que este es el retrato del gran Aníbal Barca cuando se disponía a desafiar a Roma desde Hispania? Desde que pusiera pie en Gadir acompañando a su padre en 237 a. C. hasta su partida hacia Roma al frente de su ejército en 218 a. C. transcurrieron casi dos décadas. Sin embargo, como elocuentemente pone de manifiesto el espacio dedicado a él en el MAN, la atención dedicada a este período en la vida de Aníbal, más allá de excepciones como la exposición del Arqueológico madrileño, es insólitamente escasa. Me pregunto cómo puede ser que una figura tan evocadora como Aníbal Barca, el hombre que puso a Roma de rodillas y a punto estuvo de lanzar en una dirección alternativa el rumbo del mundo antiguo, nos resulte tan poco conocida en lo que toca a su prolongada estancia en nuestro suelo.

De pronto me resulta una tarea fascinante tratar de conocer mejor al joven que tengo ante mí, retratado en una moneda de plata de 22 siglos de antigüedad. Buscar, tanto tiempo después, las huellas que dejó en Hispania Aníbal Barca.