lunes, 14 de enero de 2019

EL MUSEO ÍBERO DE JAÉN (Tras las huellas de Aníbal XIII)


En Jaén es obligado visitar los dos museos, el Provincial y el nuevo Museo Íbero, para hacerse una idea cabal del espectacular patrimonio íbero de la provincia.

Comienzo por el Museo Provincial de Jaén, y compruebo que el paso de los años no ha hecho sino acentuar la impresión de vetustez que me formé en mi primera visita, allá por 2003. Con todo, vuelvo a entrar en la reproducción de la cámara funeraria de Peal de Toya y me parece haber aterrizado en la escena de El heredero de Tartessos que tan sensiblemente supo plasmar Sandra, aquella en que Orissón lee la lámina de plomo ante Anglea, Gerión y los demás.

Situado en la misma calle, el nuevo Museo Íbero de Jaén es un cascarón casi vacío. Han reconstruido por todo lo alto la antigua cárcel para descubrir que no les quedaba presupuesto para traer las colecciones del Provincial. Aún están pendientes de traslado muchas de ellas, incluyendo algunas tan imponentes como los tesoros de Chiclana de Segura y el de la Alameda. Suele ocurrir así en nuestro país: el músculo de nuestras administraciones encuentra mejor expresión en los continentes que en los contenidos, sobre todo cuando los continentes tienen abundancia de hormigón y están firmados por arquitectos cool. Pero que no se entienda esto como una crítica: el proyecto de un museo de primer nivel dedicado a la cultura íbera es tan extraordinario que bien merece alguna concesión al espíritu edilicio de nuestros gobernantes culturales. Démosle tiempo al tiempo. Es lo único que tiene.

Además, puede que el museo sea mucho ruido y pocas nueces… ¡pero qué nueces! La exposición “Dama, príncipe, héroe, diosa” tiene piezas descomunales. El conjunto escultórico del heroon de Cerrillo Blanco, en Porcuna, quita el aliento, con ese héroe de mirada enigmática y rasgos orientales. Asombra el ajuar funerario del túmulo de Iltirtiirtir en Arjona (recomiendo repetir el nombre en voz alta, tiene una musicalidad extraordinaria: Iltirtiiltir).

Nada me impresiona tanto como el betilo de la diosa del Sol hallado en Puente de Tablas. En su vitrina de luces y sombras, ejerce sobre mí una fascinación difícil de explicar. La observo largamente, me marcho y regreso de nuevo. Mantengo con ella una conversación inconfesable. Es como si en su presencia hubiera algún misterio a punto de revelarse, o alguna secreta fuente de certidumbre. No es extraño: al fin y al cabo, ella vio nacer el sol en los equinoccios durante generaciones. Ella vio, y recibió, el sacrificio de las cerdas preñadas, la sangre y el azufre. En la penumbra de la sala del museo se abraza el vientre y parece no haber muerto del todo.

Decido llamarla Betatun, considerada la primera divinidad ibérica identificada desde el hallazgo de un altar con su nombre grabado en él en Fuente del Rey (Jaén) en 2001. Los arqueólogos que la descubrieron (Sebastián Corzo et al.) le otorgan un carácter terapeuta y oracular que me resulta más que oportuno. Como ha ocurrido desde el principio de los tiempos, me basta dar un nombre a un dios para que resulte menos inaccesible.

Aunque me obligue a dar un rodeo, decido no regresar a Madrid sin pasar por Baeza; un lugar tan hermoso es siempre una buena opción para hacer noche. Además, en una de sus plazas, llamada del Pópulo, hay una fuente con una estatuilla de piedra que proviene, al parecer, de las ruinas de Cástulo –a escasos veinte kilómetros de distancia- y que popularmente se identifica con Imilce. Me parece una cortesía elemental hacerle una visita.

Cuando llego ha anochecido y la plaza está desierta entre sus edificios renacentistas. La fuente ocupa su centro. Imilce está encaramada a una columna entre cuatro leones que escupen agua a otros tantos vientos. Muestra una sonrisa de aburrimiento amable, como si hubiera dejado de lamentar su destino hace mucho tiempo, y aprendido a dejar pasar los siglos sin esfuerzo.

El día siguiente amanece en Baeza con 3ºC, niebla cerrada y una niebla helada y diagonal que habla de nieve en la sierra de Cazorla. Paro un momento para despedirme, deprisa y corriendo, de Imilce. Tiene la misma sonrisa incierta de ayer; la lluvia levanta ecos y reflejos de piedra a su alrededor.

Vuelvo a la ruta y, por uno de esos azares generosos que tanto saboreo, la canción que empieza a sonar es “Rhythm of the Rain”, de The Cascades. Con ella de fondo paso por Ibros, donde me despido del íbero de bronce que preside la rotonda, con la expresión triste e impasible de un aceitunero, y me adentro después en las anchuras cubiertas de olivares del norte de Jaén. La lluvia de estas semanas hace que, en las ondulaciones que me van llevando a Despeñaperros, todo tenga un aspecto jugoso, ubérrimo; por todas partes espejean charcas y arroyos. Pasando Santa Elena entro en Castilla; la humedad del cielo se coagula en nubes grávidas que dejan aquí y allá plumas de lluvia. Disfruto recapitulando los avatares del viaje. Apenas dos días de viento, frío, lluvia y kilómetros, pero que me dejan un sabor delicioso en la memoria. Lo más extraordinario, el santuario de Puente Tablas bajo el sol del equinoccio a primera hora de la mañana y el encuentro con la diosa en el museo de Jaén. Junto a los príncipes, las damas y los héroes, la diosa me deja una turbación de largo recorrido. Aún me embarga, y se me confunde en el ánimo con la que se asoma en la sonrisa de Imilce, en su plaza de Baeza.


























lunes, 3 de diciembre de 2018

ASDRÚBAL BARCA LLEGA A QART HADASHT (galería de imágenes de TRILOGÍA DE ANÍBAL XII)


Uno de los aspectos que más me admira de las ilustraciones que Sandra Delgado está creando para la Trilogía de Aníbal, es su extraordinaria capacidad narrativa. Las ilustraciones no muestran solo una escena, sino una parte del transcurso del relato.

Un buen ejemplo de ello es esta nueva creación de Sandra, la segunda correspondiente a la segunda novela de la trilogía, El cáliz de Melqart. En ella Asdrúbal El Bello, el cuñado de Aníbal, llega al palacio de Qart Hadasht, aún en construcción. Espectacular, por cierto, cómo ha imaginado Sandra el edificio, con fuertes resonancias helenísticas. En segundo plano, en la escalinata, vemos al sacerdote Zekárbal, uno de los personajes clave de la novela. 

Para terminar de formarnos una idea de la escena, nada mejor que recurrir al comienzo del capítulo tercero de la novela. Ahí está todo dicho.


Asdrúbal desmontó y miró a su alrededor, secándose con la manga del quitón el sudor del rostro. Todo se había detenido y el rumor de la ciudad llegaba amortiguado por el aire ardiente. Centenares de obreros repartidos por las obras del ala norte del palacio, con sus capataces al frente; una veintena de criados vestidos de blanco alineados a ambos lados de las escalinatas de acceso a la residencia; los soldados de la Guardia Bárquida formados frente a él con sus túnicas púrpuras y sus yelmos de bronce: todos ellos inmóviles, presentando armas o inclinados en una respetuosa reverencia.
Todos menos Zekárbal. El Rab Kohanim de Eshmún en Qart Hadasht tenía la prerrogativa de mantenerse erguido ante él. Y lo hacía, a los pies de la escalinata, con toda su imponente estatura, realzada por la cabeza rapada, apenas protegida del sol por un pañuelo casi transparente que le caía hasta los hombros, y una larga túnica de lino. El sacerdote tenía las manos cruzadas sobre el regazo y la cabeza ligeramente inclinada, aunque sus ojos se mantenían fijos en los del Bárquida. Una tenue sonrisa le animaba el rostro pálido y anguloso, desprovisto de cualquier traza de pelo. A pesar del tiempo que llevaba a su lado, Asdrúbal seguía ignorando si Zekárbal era lampiño por naturaleza, o si su aspecto era resultado de una meticulosa depilación. Le resultaba, en todo caso, vagamente repulsivo.
Asdrúbal se volvió hacia sus oficiales, que trataban de apaciguar a sus monturas, cansadas e inquietas por el súbito silencio tras tantos días rodeadas por el permanente y familiar fragor del ejército.
- No os demoréis, retiraos; imagino que estaréis tan impacientes como yo por veros en un baño con una copa de vino fresco en la mano. Os habéis ganado un buen descanso… y cuantas cosas se echan en falta en la vida militar. Ha sido una campaña magnífica. Y tú, Gimialcón, haz que todos esos vuelvan al trabajo.

Si queréis más información sobre las novelas de la Trilogía de Aníbal:




domingo, 4 de noviembre de 2018

VIRTES DE TYNDARIS LLEGA A HÉLIKE (Galería de imágenes de la TRILOGÍA DE ANÍBAL XI)


Tras concluir la serie de diez ilustraciones de El heredero de Tartessos, comenzamos las de El cáliz de Melqart. Y lo hacemos con una escena que Sandra Delgado ha sabido envolver con una luz y una atmósfera enormemente sugerentes. Un desconocido, que se ha presentado como Virtes de Tyndaris, ha llegado a Hélike ofreciendo un artefacto ignoto para los oretanos: ¡un trillo! Se dispone a probarlo en compañía de Orissón bajo la atenta mirada de Anglea y de los campesinos que hasta ese momento se habían esforzado en la tarea con sus mayales. 

En la escena se retrata a la perfección al viajero procedente de Sicilia descrito en la novela:

Advirtiendo que había llamado la atención de los oretanos, el hombre del pescante anudó las riendas en un estribo, saltó al suelo y comenzó a caminar hacia ellos, dándoles ocasión de observarlo con detenimiento. Vestía una túnica corta de color añil ceñida por un ancho cinturón de cuero, y bajo ella una vaporosa camisola blanca. Las perneras de un pantalón de lino crudo desaparecían bajo las rodillas en el interior de unas botas de piel. Iba adornado con profusión de collares y pulseras, dándose cita en ellos toda suerte de conchas, cuentas cerámicas y monedillas de metal.
-Extraño personaje –murmuró Anglea-, parece una mezcla de marinero focense y mercader de Gádir.
-¡Y bailarina etrusca, con toda esa quincalla! –rió Orissón-; veamos qué quiere.
El hombre llegó hasta ellos, se detuvo e hizo una profunda reverencia, respondida por los heliketas por un sobrio gesto de bienvenida.
-Virtes de Tyndaris a vuestro servicio, nobles oretanos –dijo el recién llegado en un íbero correcto, aunque con un extraño acento que a Anglea le pareció sibilante y gutural al mismo tiempo.
Tenía el pelo brillante y negro, trenzado en una coleta que le llegaba hasta la mitad de la espalda, y los ojos del mismo color. La delgadez de la nariz y los labios, y la total ausencia de vello en el rostro le daban un aire elegante y ambiguo, y le hacían parecer juvenil, o tal vez femenino, a pesar de las no pocas arrugas que le recorrían el rostro.

Y también la escena que se nos ofrece:

Orissón hizo un gesto de asentimiento y caminó hasta la era.
-¿Y bien, Virtes de Tyndaris? –dijo al colocarse junto al sículo sobre el tablero-. ¿De qué se trata?
- Ahora lo veréis –respondió Virtes-; mantened el equilibrio y observad.
Virtes sacudió las riendas y el caballo, clavando en el suelo los cascos traseros para vencer la inercia de la carga que arrastraba, comenzó a avanzar, trazando un amplio círculo alrededor de la era.
Orissón sintió que el tablero bajo sus pies se deslizaba con suavidad sobre las mieses produciendo un denso rumor de chasquidos y llenando el aire del olor a polvo y leña vieja de la paja. Observó las espigas de cereal a medida que reaparecían por la parte trasera del tablero y comprobó con sorpresa que tenían el aspecto de haber sido trituradas a conciencia. Una sola pasada con el ingenio del sículo producía el mismo efecto que un buen rato golpeando fatigosamente con el mayal. A todas luces la misma conclusión estaban alcanzando los campesinos dispuestos alrededor de la era, que intercambiaban, en un tono cada vez más expresivo, comentarios de sorpresa y admiración.

Si queréis más información sobre las novelas de la Trilogía de Aníbal:



sábado, 29 de septiembre de 2018

Momentos como el de hoy (Presentación de LA CÓLERA DE ANÍBAL en el Café Comercial)


El pasado lunes 17 de septiembre presentamos en el Café Comercial de Madrid La cólera de Aníbal. Muchos amigos se dieron cita para acompañarme, para acompañarnos, en este momento que servía de mojón final, de piedra de clave, al viaje recorrido y al edificio de palabras, paisajes y personajes construido durante los últimos catorce años. Creo que esa fue la razón de la sala llena y de los rostros de regocijada amistad que vi desde el estrado. Todos sabían lo que aquello significaba para mí y querían hacérmelo notar, poniendo al relato la escena última, el desenlace que diera un sentido más imprescindible y cabal a todo lo anterior. Como me dijo Rafa Soler: "Momentos como el de hoy dan forma a todo". Así es como lo sentí. Las palabras, aparte de las mías, las pusieron Jaime Alejandre y Pilar González Serrano, y solo puedo decir que mi gratitud y admiración hacia ellos es pluscuamperfecta. Pero el capítulo de agradecimientos es, claro está, mucho más extenso, tanto que no cabe en estas líneas. Hay que ir a leerlo a las novelas para que no quede nada si decir.

Baste por hoy decir gracias.

A todos.

En especial a ti, mi Anglea de ojos verdes.

Gracias.


Las fotografías son de Julio Castelló y Ángela Lozano. Gracias, también por eso, a ambos.














jueves, 20 de septiembre de 2018

Óscar González Camaño (Farsalia) reseña "LA CÓLERA DE ANÍBAL" en Hislibris


Óscar González Camaño, conocido (¡y mucho!) como Farsalia en Hislibris, ha publicado una jugosa reseña sobre mi última novela, La cólera de Aníbal. Como es fácil comprobar al leerla, la reseña es un lujo de análisis del contexto histórico y de la propuesta narrativa. No os la perdáis. 

El lujo lo es por triplicado, porque Farsalia ha reseñado las tres novelas de la trilogía. Con ello me ha hecho un regalo extraordinario, más aún porque ha querido compartirlo con los lectores.









domingo, 9 de septiembre de 2018

PRESENTACIÓN DE "LA CÓLERA DE ANÍBAL", de ARTURO GONZALO AIZPIRI, en el Café Comercial, el lunes 17 de septiembre a las 19:00 horas


Como os anunciamos, el próximo lunes 17 de septiembre, a las 19:00 horas, presentaremos La cólera de Aníbal en el Café Comercial, en la glorieta de Bilbao.
Me acompañará Pilar González Serrano, mi muy admirada arqueóloga, académica y escritora. 

Tras la publicación de El heredero de Tartessos y El cáliz de Melqart, La cólera de Aníbal pone término a la que hemos dado en llamar Trilogía de Aníbal. Por ello, con esta presentación completamos un círculo que se ha extendido a lo largo de catorce apasionantes años. Me alegraría mucho poder celebrarlo con vosotros. Nos vemos en el Comercial.

El heredero de Tartessos

El cáliz de Melqart

La cólera de Aníbal


lunes, 3 de septiembre de 2018

EL RITO INICIÁTICO DE GERIÓN (Galería de imágenes de la TRILOGÍA DE ANÍBAL X)


Creo que no había mejor forma de concluir la serie de diez ilustraciones de Sandra Delgado inspiradas en El heredero de Tartessos. Los lectores de la novela recordarán muy bien esta escena: se trata del rito iniciático que Gerión debe superar para convertirse en guerrero. Como de costumbre, Sandra ha hecho un trabajo espectacular, combinando fidelidad al texto con una gran dosis de creatividad y fantasía. Esa luna central observándolo e iluminándolo todo me parece especialmente sugerente.

En cuanto al edificio donde tiene lugar el ritual, los aficionados a la arqueología habrán identificado seguramente nuestra fuente de inspiración: se trata de la llamada "sauna de Ulaca", ubicada en el impresionante oppidum vetón de ese nombre. A poco más de una hora en coche de Madrid, en la provincia de Ávila, Ulaca es un lugar de visita imprescindible. Por si tenéis curiosidad, en este mismo blog relaté un paseo hasta la altura mágica de Ulaca.

En esta ocasión prefiero no reproducir fragmentos de texto, no vaya a ser que se desvele más de la cuenta. 

Como decía, con esta concluyen las ilustraciones de la primera novela de la trilogía. Por fortuna, Sandra ha comenzado ya a trabajar en la siguiente serie: El cáliz de Melqart contará igualmente con diez ilustraciones. Y, a la vista de los primeros bocetos, os puedo asegurar que el resultado va a ser aún más impresionante que lo visto hasta ahora.

Os dejo los enlaces a las novelas de la Trilogía de Aníbal. La última de ellas, La cólera de Aníbal, ha visto la luz muy recientemente. Por si alguien se anima a acompañarnos, la presentaremos el próximo 17 de septiembre, lunes, a las 19:00 hrs en el Café Comercial de Madrid. Por supuesto, también a ella le llegará el momento de someterse a los pinceles de Sandra.