miércoles, 3 de enero de 2018

El criterio de humildad en el cerro de San Vicente (TRAS LAS HUELLAS DE ANÍBAL VIII)


Aprovecho uno de mis fines de semana arqueológicos para ir a buscar las huellas de Aníbal en Salamanca, la primera de las ciudades que el Bárquida conquistó en su campaña contra vettones y vacceos en el verano del año 220 a. C. De aquellos sucesos nos hablan los historiadores clásicos, sobre todo Tito Livio, Polibio, Plutarco y Polieno, estos dos últimos con mayor detalle. 

Las huellas que han llegado hasta nuestros días sobre el terreno son muy escasas, pero no inexistentes. A primera hora de la mañana, con la ciudad inmóvil bajo una de las rigurosas heladas castellanas de diciembre, voy en busca de la que nos ofrece la toponimia de la ciudad. En la esquina de las calles Veracruz y Tentenecio (notable nombre el de esta, por cierto) una tienda de antigüedades luce el nombre que llamó mi atención: El arco de Aníbal. Aunque hoy no queda de él ningún vestigio, sí aparece en las antiguas crónicas salmantinas, y fue por ella por donde se afirma que hizo su entrada en la conquistada Hermandica (utilizo aquí el nombre de Tito Livio) el general cartaginés.

Una evidencia más palpable es la que se exhibe en la minúscula sala dedicada a la arqueología del museo de la ciudad: una fíbula que parece representar un elefante, y una moneda cartaginesa de bronce con un busto de Tanit en una cara y una cabeza de caballo en la otra. Eduardo Sánchez-Moreno, uno de los mayores especialistas en la materia, explica que estas emisiones monetales se realizaron entre 221 y 215 a. C., por lo que la pieza bien pudo formar parte de la soldada de uno de los integrantes del ejército púnico.

La moneda se encontró en las proximidades del cerro de San Vicente, el emplazamiento donde se ubicó el primer poblamiento de Salamanca hace 2.700 años, perteneciente a la cultura llamada del Soto de Medinilla. Recientemente se ha construido en el cerro un espectacular museo sobre el origen de la ciudad, y ese mediodía tuve la suerte de poder sumarme a la visita guiada que realizó Cristina Alario, arqueóloga codirectora del proyecto. 

Es un yacimiento impresionante: el estado de conservación de las antiquísimas casas circulares de adobe, con sus vestíbulos orientados al sur, suelos aislantes, bancos adosados a las paredes y silos, sobre un promontorio asomado a un vado del Tormes, es algo sin parangón en España. Cristina nos guió por los restos arqueológicos desvelándonos la forma de vida de aquellas gentes de la Edad del Hierro que consiguieron prosperar hasta el punto de que las dos hectáreas se les quedaran pequeñas y tuvieran que trasladar su asentamiento al otro cerro más extenso que hoy conocemos como Teso de las Catedrales. Cuando llegó Aníbal esa era ya la auténtica Hermandica, con sus dieciocho hectáreas amuralladas y su población vacceo-vettona de algunos millares de habitantes. Desafortunadamente muy pocos vestigios nos han llegado de ella, aunque el parecer hay nuevos proyectos municipales para su puesta en valor. El poblado del cerro de San Vicente no era ya entonces sino un arrabal de suficiente importancia apenas para ser citado por los cronistas clásicos antes de quedar abandonado poco después. 

Cristina Alario se despide explicándonos que algunas secciones del yacimiento quedan y quedarán sin excavar, y al hacerlo nos da una extraordinaria lección de arqueología. "Es preciso aplicar el criterio de humildad -nos dice-. Las técnicas de investigación arqueológica estarán más evolucionadas en el futuro, como las nuestras lo están respecto de las de quienes nos precedieron. El yacimiento es un libro cuyas páginas solo se pueden leer una vez. El cerro de San Vicente no es patrimonio de nuestra generación, sino de la Humanidad".

















viernes, 22 de diciembre de 2017

LOS JINETES ÓLCADES (Galería de ilustraciones TRILOGÍA DE ANÍBAL VIII)


Permítaseme no dar en esta ocasión mucha información sobre la ilustración, más allá de hacer notar que Sandra Delgado ha conseguido una imagen de un magnífico realismo, utilizando además piezas arqueológicas para los yelmos, las armas y el cuerno de porcelana. Baste un texto de la escena de El heredero de Tartessos que la ha inspirado, levemente retocado para que no se me acuse de spoiler.

Saunio asintió e hizo avanzar a su caballo. Miró a ambos lados y sintió un escalofrío de emoción al ver el frente de jinetes celtíberos en movimiento, las caetras y las túnicas multicolores, los destellos de los yelmos y las faleras, de las espadas ya prestas fuera de sus vainas. No necesitó volverse para sentir a su espalda la masa de guerreros a caballo y a pie avanzando sin prisa ni temor al paso de los tambores y los cuernos.

Si quieres más información sobre las dos primeras novelas de La trilogía de Aníbal:


miércoles, 27 de septiembre de 2017

EDICIONES EVOHÉ colabora con el proyecto arqueológico PRIMITIVA COMPLUTUM


Ediciones Evohé se ha sumado al grupo de patrocinadores del proyecto arqueológico Primitiva Complutum, dirigido por Sandra Azcárraga, Arturo Ruiz Taboada, Gonzalo Ruiz Zapatero y Enrique Baquedano, que recienemente ha completado su primera campaña de excavación en el cerro de San Juan del Viso, próximo a Alcalá de Henares. Se trata ni más ni menos que de conocer la Complutum originaria, fundada en época republicana.

Tal y como se lee en la página web del proyecto:

La Comunidad de Madrid esconde uno de los secretos mejor guardados bajo un campo de cereal. Se trata de la originaria Complutum, la primera ciudad romana de la región, con un urbanismo plenamente desarrollado, inimaginable hasta la fecha. Se fundó en torno a los convulsos momentos finales de la República, en una ubicación defensiva en lo alto de un cerro, el de San Juan del Viso en el término municipal de Villalbilla. Esta “primera Complutum” será trasladada hacia mediados del siglo I d. C. (momento de paz y de consolidación de las importantes vías de comunicación que atravesaban la región) desde su originario emplazamiento en altura en la margen izquierda del Henares, a la derecha en la vega, donde hoy es visitable.
Pero el imponente Cerro de San Juan del Viso esconde más secretos. En sus casi 70 hectáreas de superficie puede rastrearse la evolución del poblamiento desde finales de la Edad del Bronce. Nuestras investigaciones han permitido localizar dos áreas de frecuentación del Bronce Final, un asentamiento carpetano de unas 6 hectáreas y un pequeño campamento romano justo en frente, que daría origen a la gran ciudad de al menos 30 hectáreas.
Los trabajos en los que se han basado estas investigaciones, en el contexto de la  realización de la Tesis doctoral de Sandra Azcárraga Cámara (publicada en 2015), fueron principalmente prospecciones arqueológicas y el estudio de la fotografía aérea. Esta web nace del interés por continuar con una investigación clave para el conocimiento de la romanización en el interior peninsular, en un yacimiento privilegiado para conseguirlo. En este sentido ponemos en marcha un Proyecto en el que queremos dar el siguiente y primordial paso: la excavación.
Dentro del programa de divulgación, el equipo del proyecto lleva a cabo visitas guiadas como la que dirigió Sandra Azcárraga el pasado 16 de septiembre, a la que tuve la suerte de asistir. El proyecto es apasionante y se financia a través de microdonaciones y pequeños patrocinios. Gracias a ello y, sobre todo, al esfuerzo de Sandra, los restantes miembros del equipo y los estudiantes de Arqueología que han trabajado como voluntarios en la excavación, Primitiva Complutum es ya una realidad. Esperemos que puedan seguir adelante en próximas campañas. Si quieres apoyar al proyecto:

Cómo colaborar en PRIMITIVA COMPLUTUM






martes, 5 de septiembre de 2017

GERIÓN Y ARGANTIO LLEGAN A CIRMO (Galería de imágenes TRILOGÍA DE ANÍBAL VII)


La historia de El heredero de Tartessos acaba de comenzar. Gerión rescata a un desconocido, herido en un combate con jinetes cartagineses, y lo lleva a su poblado, Cirmo, en el corazón de los montes Ólcades. Como dice la sinopsis del libro, "esa decisión lo conducirá a conocer aspectos insospechados de su propio pasado y a jugar un papel protagonista en los trascendentales acontecimientos que están a punto de cambiar el destino de Ispania".

Sandra Delgado ilustra la escena plasmando de un modo muy evocador el texto de la novela:

            Al atardecer del día siguiente rebasaron un collado del bosque, y ante ellos se abrió la llanura extendiéndose hasta el horizonte, donde una sierra cárdena se difuminaba envuelta en resplandores dorados; un río serpenteaba entre estrechos bosquetes de álamos, olmos y mimbreras, campos verdeantes de cereal y dehesas de encinas. A un tiro de arco se alzaba de la planicie un promontorio de roca caliza cuya cima ocupaba un castro amurallado recorrido por una estrecha calle central con un centenar de casas de piedra amontonadas a ambos lados. Un sendero conducía desde el camino principal a la puerta en la muralla que servía de entrada al pueblo, orientada a levante; en el extremo opuesto se alzaba un torreón sólidamente construido con grandes bloques de piedra. Pequeños grupos de hombres y mujeres volvían hacia la aldea conduciendo rebaños de ovejas o con aperos de labranza echados sobre el hombro; arriba, en la calle, se advertía la agitación del final del día y columnas de humo comenzaban a elevarse entre los techos de retama de las chozas.
              Habían llegado a Cirmo.

Si quieres más información sobre las dos primeras novelas de La trilogía de Aníbal:


lunes, 31 de julio de 2017

AGÓN! (Una de griegos en Caixa Fórum Madrid)


En estos días de madrileño verano de plomo, el Caixa Fórum ofrece una de las más sensatas formas de pasar un domingo por la mañana. Se está fresquito, y se pueden ver exposiciones tan interesantes como la que, con el título de AGÓN!, está dedicada a la competición en el mundo griego. 

El planteamiento no puede ser más interesante: la exposición recorre los diversos ámbitos en que podía manifestarse la contienda, desafío o disputa que expresa el término clásico agón. De este modo se toma contacto con las competiciones deportivas, los certámenes de teatro y poesía, la guerra como forma extrema del enfrentamiento, la rivalidad en la ostentación social tanto en la vida como en los ritos y monumentos funerarios. Se singularizan además dos desafíos de gran trascendencia en el mundo griego: los doce trabajos de Heracles (me llamó la atención en particular una vasija representando el combate entre el héroe y Gerión de mis entretelas, todo él por triplicado) y la guerra de Troya.

La exposición deja un agradable sabor de boca por muchas razones. Destaco ahora la admiración por cómo sabían elegir los griegos los trofeos para sus vencedores. La corona de olivo de Olimpia otorgaba fama imperecedera. En los Juegos Panatenaicos se entregaba una vasija con 45 litros de aceite del olivar sagrado de Atenea en el Ática. La corona era de laurel en Delfos y apio silvestre en Nemea y el istmo de Corinto. Los triunfadores en más de tres pruebas podían encargar una estatua de sí mismos o poemas den su honor.

Marcho pensando en lo que una de las cartelas cuenta sobre la desafortunada princesa troyana Casandra. Era sacerdotisa y tenía el don de la profecía, pero estaba condenada a que no la creyeran nunca. Es lo contrario de lo que sucede hoy con muchos de los sacerdotisos de las redes sociales. Carecen de todo don profético, y a menudo hasta del más elemental sentido común, pero se les da crédito ilimitado. Agón!














martes, 25 de julio de 2017

S.P.Q.R.


Termino la serie de entradas sobre Roma con dos de las referencias que marcaron nuestros paseos por la ciudad. Una es la deliciosa guía de itinerarios publicada por Lonely Planet con ilustraciones de Alix, el personaje creado por Jacques Martin del que soy desde hace mucho tiempo un fan incondicional. La otra son las maravillosas tapas de hierro fundido que conectan la ciudad de la superficie con la subterránea. Con el acrónimo que recuerda a la antigua República romana y sirve de lema a la ciudad, SPQR (Senatus Populusque Romanus), estas tapas de alcantarilla son una inconfundible seña de identidad bajo los pies del caminante. 




viernes, 23 de junio de 2017

EL FORO ROMANO AL ATARDECER


No consigo terminar de hacerme a la idea de que realmente exista un lugar como este. Si tuviera que señalar el rincón del mundo cuya desaparición me causaría un vacío más irreparable, creo que sería el Foro Romano. En este conjunto desordenado de la huella de los siglos sidos se resume mucho de lo que nos hace los hombres y mujeres que somos. Esta proporción, este sentido del escenario humano, este espacio para el contacto y la convivencia, para la expresión de la palabra y el ejercicio de la libertad, para la formulación de las leyes y la defensa de su observancia. Como casi siempre, todo ello derivó en el abuso, la arbitrariedad y el crimen, pero rehuso quedarme con eso. El Hombre merece la pena cuando intenta ser más grande con los otros que estando solo. En eso pienso de pie junto al arco de Septimio Severo, contemplando el Foro extendiéndose hasta el arco de Tito al atardecer. Es algo sobrecogedor.