lunes, 22 de mayo de 2023

ARTURO GONZALO AIZPIRI firma "TRAS LAS HUELLAS DE ANÍBAL" en la Feria del Libro de Madrid 2023


Han pasado cuatro años -con pandemia incluida- desde mi última firma en la Feria del Libro de Madrid, y la verdad es que se echa de menos. Los ratos que pasa un escritor en la caseta de El Retiro, encontrándose con lectores y amigos, son de los que hacen que esta pasión por contar historias merezca la pena; pasan los años pero yo mantengo intacta la gratitud hacia quienes dedican una parte de su tiempo, una parte de su vida, a prestar atención a lo que uno haya sentido la necesidad de compartir.

Me alegra mucho volver a esta cita tan especial. En esta ocasión firmaré ejemplares de "Tras las huellas de Aníbal", mi relato personal de las peripecias de Aníbal Barca en la península Ibérica y de las mías propias buscando las huellas y el recuerdo que él dejó. Será en la caseta 140, de AlmuzaraLibros, este próximo viernes 26 de mayo, de 18:00 a 19:00 horas. Allí nos vemos.

jueves, 18 de mayo de 2023

EL ÁRBOL DE CÉSAR Y EL POEMA DE MARCIAL (Tras las huellas de César VII)

 


En la radiante mañana de febrero, los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba es un lugar suspendido en el tiempo. El sol y el cielo se imprimen como un lacado de azul y oro en las almenas, los naranjos, los estanques. Todo estaría inmóvil de no ser por los finos chorros de agua que trazan sus arcos de gotas brillantes como gemas. Hay un rumor de pájaros, de fuentes, de las conversaciones amortiguadas de los visitantes.

En un lateral del paseo principal hay un estanque con un mosaico moderno de animales marinos. Su extremo va a dar con un muro de sillares de piedra custodiado por viejos cipreses podados para hacerlos parecer densas columnas vegetales.  Hay que observar un momento para distinguir un extenso texto en letras mayúsculas grabado en la piedra:

En tierras tartesas hay una casa celebérrima allá donde la Córdoba vienta [ventosa] se mira en el plácido [río]; en medio y abarcando toda la morada, se alza el plátano de César de espesa cabellera, que la diestra feliz del huésped invicto plantó, comenzando su tronco a crecer desde su mano. ¡Oh, árbol del gran César! ¡Oh, amado de los dioses! No temas el hierro ni el fuego sacrílego. Marcial.

Se trata, ni más ni menos, del epigrama que el gran poeta calagurritano Marcial escribió para celebrar el plátano de César, el gran árbol de sombra que, según la leyenda, fue plantado por el romano para conmemorar sus triunfos militares. 

Frente a mí se alza ahora el que alguna guía turística, arrebatada por el entusiasmo, identifica con el mismísimo árbol plantado por el romano. Es un hermoso ejemplar, desde luego, pero queda muy lejos de alcanzar la condición heroica de bimilenario. No importa, no seamos aguafiestas. A mí, al menos, me importa que haya habido una secuencia de munícipes y jardineros soñadores que hayan traído hasta nosotros este monumento al ilustre Julio César, pero no en forma de estatua de mármol, sino de nudoso y anciano plátano de sombra, como una forma de memoria viva, como un testimonio que se renueva cada año.

No se sabe en cuál de sus visitas plantó Cesar el antecesor del árbol que hoy me hace compañía, ni cómo se ha conservado la memoria de la leyenda que inmortalizó Marcial. Pero se dice que hasta aquí venían hombres y mujeres de toda condición a ofrecer al plátano libaciones y presentes para obtener favores del espíritu de César.  Yo dejo una guindilla roja como un goterón de sangre, recogida de una mata próxima encendida de ellas. No es, claro está, un acto de piedad, sino de gratitud por haberme sentido más cerca de la memoria de César en este lugar que en ningún otro de la antigua Córdoba.







jueves, 11 de mayo de 2023

LA HUELLA DE CÉSAR EN CORDUBA (Tras las huellas de César VI)


Llegó el momento de ir por las salas del museo arqueológico cordobés en busca de la Corduba romana, la que recibió a César como flamante cuestor a su llegada en el año 69 a. C. Las cartelas le ponen a uno en situación: Corduba fue fundada allá por el 170 a. C. por el pretor del momento, Marco Claudio Marcelo, en las proximidades del oppidum turdetano de La Colina de los Quemados. La ciudad creció con rapidez dentro de su recinto amurallado, se convirtió, aún sin título oficial de capitalidad, en la residencia habitual del pretor y… ¡pare usted de contar!

Quiero decir que no es fácil encontrar muchos más vestigios de aquella prometedora ciudad. Debe ser porque, años más tarde de su primera llegada, durante la guerra civil contra los hijos de Pompeyo, el propio César la destruyó por completo para castigar su lealtad pompeyana. Ya hablaremos de eso más adelante. De momento, baste decir que el único testigo en el museo de aquella malhadada Corduba es un triste capital jónico hallado en el molino de San Antonio. Todo lo demás pertenece ya a la Colonia Patricia Corduba, que fue como la bautizó Octavio Augusto cuando la refundó para pasar página a la truculencia de su padre adoptivo. Será él, Augusto, y más tarde Domiciano, quienes adornarán la ciudad con foros, acueductos, templos y circo, anfiteatro y teatro, como los dioses mandan. 

Para dar con Julio César en la Córdoba actual tenemos que irnos al callejero, y no es pequeña la decepción de un servidor al ver que el gran hombre no tiene más que una calleja de tercera categoría en el periférico barrio de Levante. Parece que la tirria de los cordobeses para quien destruyó su ciudad hace dos milenios es de largo recorrido. Mejor parado sale Claudio Marcelo, que tiene su señora calle en condiciones, junto al ayuntamiento, con su imponente templo romano incorporado y una estatua que la ciudad contemporánea tuvo a bien erigir en su honor allá por 2015.  

Es decir, es difícil encontrar la huella de César en Córdoba, más allá de la destrucción que causó. Es una huella en sombra, en negativo, más por ausencia que por presencia. Porque sin César no hubiera ocurrido Augusto. Porque sin haber sido destruida Corduba no hubiera renacido. Para simbolizar esa ciudad renacida me quedo con el puente, construido (¡cómo no!) en época de Augusto, reparado y reformado en ocasiones innumerables, pero firme aún sobre sus milenarios cimientos romanos.  Sus dieciséis arcos, entre la Puerta del Puente (construida en el siglo XVI, para conmemorar la celebración de las Cortes por Felipe II en la ciudad), y la islámica Torre de la Calahorra, cruzan los 331 metros del río Guadalquivir y algo más de dos milenios, con la misma armonía. 

Pero, ¡un momento! Resulta que sí puede que haya una insólita huella cesariana en la ciudad. Tiene que ver con un árbol y un poema. Hay que ir hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos para comprobarlo. Y hay que esperar al próximo capítulo para descubrirlo...

 














sábado, 6 de mayo de 2023

ESCRITORAS DE HACE UN SIGLO (Cervezas y Libros Hislibris, 2ª Época, I)

 


El 30 de marzo de 2014 echó el cierre la Hislibris Tabernae y, desde entonces, a la comunidad de Hislibris nos había faltado un lugar de cita habitual en el que celebrar, entre otras cosas, las míticas sesiones de Cervezas y Libros, en las que, como dice su lema, "nosotros ponemos la cerveza y vosotros la charla".  Por ello, fue todo un placer retomar ayer esa estupenda tradición en el local de El Periscopio de Ediciones Evohé, que abrió sus puertas tras la pandemia. No fuimos muchos, pero entre los hislibreños que asistimos se respiraba una suerte de emoción por el reencuentro, y el deseo de que la llama prenda de nuevo. 

Estuvimos Pedro, Köenig, Javi, Nuruialwen, Mr. Gado, Patricia, Rosalía de Bringas, Ángela y un servidor, Arturo. El tema que nos reunió fue "Escritoras de hace un siglo", y tuvimos la suerte de disfrutar del extenso conocimiento sobre el tema y de la maestría como ponente de Rosalía, Mª José Galván en el DNI. Yo puse mi granito de arena, sobre todo en relación a Carmen de Burgos, cuyo libro "Cartas sin destinatario. Bélgica-Holanda-Luxemburgo. Impresiones de viaje", editado por Ediciones Evohé, presentamos también ayer. La conversación giró sobre ese conjunto de escritoras que lucharon por hacerse oír y romper barreras en el mundo del periodismo, la literatura y el activismo en defensa de los derechos de la mujer. 

Lo dicho, un gusto. Ojalá a esta sesión sigan otras. La cerveza la tenemos ya enfriando; lo único que necesitamos es vuestra conversación.









lunes, 1 de mayo de 2023

LAS LEONAS DE CÓRDOBA (Tras las huellas de César V)


La mayor parte de los expertos atribuyen a las esculturas zoomorfas halladas en numerosos puntos de la provincia de Córdoba una finalidad funeraria. Posiblemente se situaron en lo alto de pilares o pedestales elegidos para señalar y prestar una función protectora-apotropaica-a los enterramientos de personajes notables.

Sin embargo, lo cierto es que no se han encontrado necrópolis ibéricas de ese tipo en las principales comarcas de las que proceden las esculturas, destacando Baena-Nueva Carteya en la Campiña oriental (donde se halló la leona del museo) y La Rambla-Santaella en la occidental. Eso, y hallazgos tan espectaculares como el de la puerta ceremonial de Cástulo, en Linares (Jaén), ya visitado en este blog, abren otras posibilidades, como representaciones de prestigio o de delimitación visual del territorio.

El caso es que ya se ha catalogado un gran número de esculturas y, como veremos, no dejan de aparecer más. Se trata en su mayor parte de leonas, pero hay también leones, caballos, bóvidos, cervatillos y felinos indeterminados. En muchos casos tienen una factura extraordinaria, de nítida influencia griega. Sin duda, la inspiración para esculpirlas debió llegar de fuera, porque en tiempos de los iberos no había leonas en Córdoba. Dada su elevada concentración en algunas zonas, pienso que debió generarse en torno a ellas un irresistible efecto de emulación, como si se tratara de la vara de medir elegida para competir en la liga de los símbolos de poder. En ningún lugar debió ponerse esto de manifiesto con mayor claridad que en Baena, donde se ha catalogado ni más ni menos que una quincena de leonas.

A pesar de ello, ha sido en La Rambla donde se ha producido el más resonante hallazgo reciente.  El 29 de octubre de 2020, la prensa de Córdoba daba la noticia: durante la apertura de un surco en su olivar de San Sebastián de los Ballesteros, pedanía del municipio de La Rambla, el agricultor Gonzalo Crespo había dado con una singular piedra de gran tamaño que le hizo exclamar: «¡Pero esto que es!».  No era para menos. Cuando la sacó a la superficie se encontró con una espectacular escultura que le hizo salir corriendo a dar el aviso.

Ha sido bautizada como la «Leona de La Rambla», aunque sigue abierta la controversia sobre si es en verdad una leona o más bien una loba. En todo caso, tiene un aspecto verdaderamente feroz, con los ojos muy abiertos, las orejas erguidas hacia atrás y las fauces hundidas en la nuca de un carnero que sujeta contra el suelo con las garras delanteras. Con sus 90 cm de largo y 166 kg de peso, tallada en un único bloque de piedra caliza, hace gala de un realismo impactante y de un extraordinario estado de conservación.  Muestra en su base restos de una plataforma, lo que hace pensar que remató algún tipo de pilar funerario, aún por descubrir.

Una de las razones por las que me gusta tanto la arqueología es que me hace soñar. Leyendo las noticias sobre la leona de La Rambla, espero con impaciencia al momento de poder verla con mis propios ojos en un museo. Y sueño con que un día, los arqueólogos o un agricultor como Gonzalo Crespo, encuentren la esquiva necrópolis de los íberos de Córdoba. Tal vez entonces empecemos a desentrañar el misterio del anhelo espiritual que les llevó a poblar la campiña cordobesa con sus leonas.