
Hace poco más de dos años, en un jardín de la calle Poniente de Madrid, un grupo de amigos decidimos acometer por fin un proyecto que llevaba latiendo entre nosotros desde mucho tiempo atrás. Se trataba de hacer libros juntos. Ya lo habíamos imaginado en tertulias casi adolescentes en un ático de la calle Covarrubias, y mucho después en aquellos dos años intensos y canallas que compartimos en una casa de entrañas de granito y aire transparente a los pies de La Maliciosa. Regalarnos mutuamente palabras, hacer de la literatura un cauce por el que discurrir juntos, construir libros colectivos.
Ese sueño surgió de nuevo aquella noche, y traía ya un nombre: El Periscopio. Poco a poco, en encuentros dominicales o en comidas apresuradas encajadas en la densidad de los días laborables, fuimos entendiendo lo que realmente queríamos hacer:
Queremos conocer el discurrir de los tiempos, entender las dudas, las ambigüedades, los claroscuros. Y hacerlo utilizando la lente de los libros de viaje. Porque un viajero es un testigo del mundo que no pretende contar más que su propia vivencia, directa e individual, lo que ven sus ojos. Aunque en la trastienda de esos mismos ojos aún se agiten siempre los ideales, los prejuicios, las convicciones del viajero, su biografía, sus temores y esperanzas, sus sueños y anhelos. Queremos recuperar con un periscopio que emerge en el corazón del tiempo, las voces de aquellos viajeros. Sus puntos de vista. Tal vez, desde la pluralidad de caminos y caminantes que caben en nuestro planeta, seamos capaces de entender mejor por qué hombres y mujeres como nosotros responden de modos tan diversos a los desafíos que su época les pone ante sí. Y por qué nuestra gran comunidad humana tiene que pagar precios tan altos por ensanchar el espacio de la dignidad.
Propusimos el proyecto a los amigos de Ediciones Evohé y, una tarde de julio en el café Libertad 8 (¡cómo no!), antes de salir a celebrar con La Roja la victoria en el Mundial de Fútbol, acordamos acometerlo juntos.
Y ahí está ya, en ese instante asombroso de convertirse en realidad, de ver la luz. Gracias, amigos de El Periscopio y de Evohé. Es reconfortante ver que los sueños y la amistad son ajenos a la ley de la gravedad, y pueden hacernos elevarnos con ellos. Ójala muchos decidan ahora acompañarnos en ese viaje.
Si queréis conocer mejor El Periscopio:
http://elperiscopio.edicionesevohe.com/
Y, si queréis asistir a la pre-presentación en familia y comprobar lo maravillosamente que han quedado los dos primeros títulos:
http://www.hislibris.com/cervezas-y-libros-vii-biografias-literatura-e-historia-con-una-voz-diferente/