viernes, 18 de abril de 2014

El heraldo de la felicidad ("La Villa de los Papiros" en la Casa del Lector)


En la segunda mitad del siglo I a.C., Lucio Calpurnio Pisón, suegro de Julio César, reunió en su villa costera de Herculano, al pie del Vesubio, una extraordinaria biblioteca de textos epicúreos. Allí se dieron cita numerosos filósofos y eruditos, en un ambiente de serenidad y conversación que emulaba el kepos (jardín) fundado en Atenas por el propio Epicuro, en una pequeña propiedad compartida con amigos y discípulos que les sirvió de retiro para la vida en común y la meditación amistosa. Qué hermosa idea, por cierto.

El proyecto de Pisón se mantuvo vivo hasta el 25 de agosto del año 79 d.C. Ese día la erupción del Vesubio sepultó la villa bajo una capa de 30 metros de ceniza volcánica. Los 1785 rollos de papiro que contenía la biblioteca desaparecieron del conocimiento de los hombres hasta que en 1750, en el curso de las excavaciones ordenadas por ese notabilísimo personaje que fue el rey Carlos de Borbón (más tarde Carlos III de España), fueron descubiertos por Karl Jakob Weber. Weber era asistente del ingeniero militar zaragozano Roque Joaquín de Alcubierre, director de las excavaciones desde 1738.

Los rollos de papiro que dieron nombre a la villa aparecieron carbonizados. Poco después, el padre escolapio genovés Antonio Piaggio concibió una máquina para desenrrollar los papiros. El primero de ellos reveló su contenido, entre la expectación de toda Europa, en 1754: resultó ser un fragmento del Libro IV de la obra "Sobre la música" de Filodemo de Gándara, filósofo epicúreo protegido de Pisón y probable compilador de la biblioteca.

Esta asombrosa historia puede conocerse de primera mano en la exposición "La Villa de los Papiros" que han comisionado Carlos García Gual y Nicola Odatti para la Casa del Lector, en ese espacio fascinante que es el Matadero de Madrid. Hay que darse prisa: está abierta hasta el próximo 27 de abril.

La exposición no sólo presenta recreaciones de la villa y de las maravillosas estatuas que contenía, sino que ofrece también un recorrido por las técnicas, los hábitos y el papel social de los libros y la escritura en el mundo romano, así como la historia de esa hazaña arqueológica que fueron las excavaciones borbónicas en Pompeya y Herculano. Y presenta, con un atractivo irresistible, dicho sea de paso, la sabiduría epicúrea.

Paseo por las salas y me detengo ante los rollos de papiro, carbonizados y retorcidos, como si aún latiera en ellos la angustia de la tragedia. Me dejo maravillar por la máquina de Piaggio, una delicada joya de madera brillante y ruedecillas metálicas de cuyo funcionamiento fue testigo en innumerables sesiones el propio rey Carlos. En las paredes hay fragmentos de frescos pompeyanos relativos a los libros y la escritura. Uno de ellos muestra un rollo de papiro parcialmente desenrrollado en el que puede leerse el comienzo de un epigrama amoroso: Que viva el que ama / que se muera quien no sabe amar.

En otro se conserva un socarrón grafito callejero: Oh, pared, me maravilla que no te hayas hundido bajo el peso de tantas necedades.

Al término de la exposición despide a los visitantes el famoso fresco deTerencio Neo y su esposa, él con un rollo de papiro y ella con unas tablillas enceradas. Miran hacia delante con un asomo de curiosidad, atentos y serenos, como si leyeran el texto de Epicuro que brota, como una hilera de insectos blancos, en el negro papel que tienen enfrente:

La amistad va recorriendo la tierra como un heraldo que nos invita a la felicidad.

Para más información:

Exposición "La Villa de los Papiros"

[Gracias, Carlos, por la pista].










martes, 1 de abril de 2014

A punto de salir del horno...


Espectacular portada de Sandra Delgado para mi nueva novela de la serie Bárquida.

La presentaremos en los próximos Encuentros Hislibris, el 26 de abril:


viernes, 28 de marzo de 2014

Europa vista desde el Checkpoint Charlie en Berlín


En la esquina de Friedrichstrasse con Zimmerstrasse, en el corazón de Berlín, se conserva una réplica del Checkpoint Charlie, el puesto de control que entre 1945 y 1990 marcó como ningún otro el límite entre dos bloques militares e ideológicos que se disputaban el control del mundo. Por este lugar pasó el muro de Berlín (llamado por sus constructores, con ese eufemismo sarcástico de las tiranías, "muro de protección antifascista") entre el 13 de agosto de 1961 y el 9 de noviembre de 1989. Aquí se sufrió de modo especial aquella herida de 45 kilómetros de largo que hizo agonizar durante décadas a una de las ciudades más estrechamente vinculadas al destino de Europa. 270 personas murieron en ese tiempo intentando cruzarlo.

Dos grandes retratos instalados en 1994 por Frank Thiel, representando a un soldado soviético y otro americano, recuerdan aquel larguísimo tiempo de división de Europa, de vigilancia y amenaza mutuas. Un panel muestra uno de los episodios más dramáticos que aquí tuvieron lugar: el despliegue de tanques de ambos bandos enfrentados el 27 de octubre de 1961, cuando el fantasma de una nueva guerra sopló como una brisa hedionda por las calles de Berlín.

Suiza ha aprobado en referéndum poner nuevas barreras fronterizas al movimiento de los europeos. No es el único caso. En 2011 Dinamarca restableció los controles fronterizos con Alemania. En Reino Unido, Francia y Holanda prosperan partidos con idearios que limitan o liquidan la libre circulación prevista en los tratados. Y cada día somos testigos de los dramas inmensos de las fronteras de Europa, con una marea de humanidad doliente y desposeída llamando a su puerta.

En esta época de crisis e incertidumbre, Europa responde apresurándose a reconstruir sus fronteras. ¿Quieren fronteras, muros, barreras? Aquí encontrarán el más espléndido ejemplo. Pasen y vean la perspectiva de Europa desde el Checkpoint Charlie.









jueves, 13 de marzo de 2014

"Historia de un viaje de seis semanas": El Periscopio presenta los viajes de Mary Shelley por la Europa napoleónica


Mary Shelley, junto a su esposo Percy y su hermanastra Claire, realizó en 1814 y 1816 sendos viajes por el corazón de una Europa estremecida por el impacto de las guerras napoleónicas. El primero de ellos, del que ahora se cumplen dos siglos, tuvo lugar poco después de que París, tras la primera derrota de Napoleón, cayera en manos de la coalición formada por Prusia, Rusia, Austria, Suecia e Inglaterra.

Poco después del retorno de los viajeros a Inglaterra se produjo el regreso de Napoleón al poder y el llamado periodo de los Cien Días, que concluyó en 1815 con la derrota francesa ante los ejércitos de Wellington y von Blücher en la batalla de Waterloo. Al año siguiente los Shelley viajan de nuevo a Europa continental, con la monarquía ya restaurada en Francia mediante una suerte de protectorado británico. Gran parte de este segundo viaje transcurrió en compañía de Lord Byron en las proximidades de Ginebra, y de él surgió Frankenstein, el relato que convertiría a Mary en un referente literario mundial.

Una vez en Inglaterra, Mary recopiló en un libro sus diarios y cartas sobre ambos viajes, poniendo en manos de los lectores una obra que combina los avatares de un relato de viajes con un testimonio de primera mano del impacto del conflicto continental en el espacio europeo. Dos siglos después, la obra se nos presenta como un ejemplo arquetípico de la visión del mundo que desplegó el Romanticismo inglés, y de cómo esta visión sirvió para interpretar el cataclismo, calamitoso y liberador al mismo tiempo, que Europa vivió entre la Revolución francesa y la definitiva derrota del Imperio napoleónico.

El Periscopio, ese singular proyecto que un conjunto de amigos desarrollamos con Ediciones Evohé, publica por primera vez en español esta obra apasionante. He disfrutado enormemente traduciendola del inglés, y he compartido con Jaime Alejandre el placer de llevar a cabo la edición. Creo que os encantará el libro. El próximo lunes 17 de marzo lo presentaremos en el café Comercial de Madrid a las 19:30, en compañía del profesor de la Universidad Autónoma José Ramón Trujillo.

En caso de que no podáis venir, y queráis apoyarnos comprando el libro, podéis hacerlo en:




viernes, 7 de marzo de 2014

La Gran Catástrofe (La Primera Guerra Mundial en el Museo Histórico Alemán)


La Primera Guerra Mundial es algo más, o algo menos, que un acontecimiento bélico en el Museo Histórico Alemán de Berlín. Parece casi un fenómeno de agitación social, de retaguardia, en el que el frente se convierte en un turbio telón de fondo de borrosas imágenes en blanco y negro. Hay, sí, grandes bombas, armas y uniformes expuestos en vitrinas, pero parecen objetos ajenos, que poco tienen que ver con el acontecer de los seres humanos. En el folleto del museo merece tan sólo el siguiente párrafo:

En 1914 las contradicciones políticas de poder en Europa y la carrera armamentista condujeron a la Primera Guerra Mundial. Las esperanzas de una rápida victoria se despedazaron con el fuego nutrido de la guerra de trincheras. En 1918 Alemania se rindió, Guillermo II tuvo que abdicar.

Los paneles dan algunas pistas más. En la Urkatastrophe, la Gran Catástrofe, combatieron 70 millones de soldados, de los que 10 murieron, 8 fueron hechos prisioneros y 20 resultaron heridos. En una fría tabla se precisa. "Deutschland. Gefallene (Caídos): 1808000. Verwundete (Heridos): 4247000. Gafangene (Prisioneros): 618000".

En otro panel leo que 700.000 alemanes murieron durante el conflicto de malnutrición y enfermedades relacionadas. Observo estremecido los cascos perforados por balas y fragmentos de metralla y pienso que un día dieron una falsa sensación de seguridad a quienes los llevaron puestos, seres humanos como yo que tuvieron la mala suerte de vivir, y morir, la época equivocada. Leo el relato de la gran huelga de comienzos de 1918, cuando un millón de trabajadores se lanzaron a la calle gritando Frieden und Brot! (¡Paz y pan!).

Dan que pensar los carteles en que se llama a la población a que compre los bonos que financian la guerra. Los ciudadanos costean la guerra con su vida, su sufrimiento e incluso sus ahorros. Y el argumento para ello es la exacerbación del patriotismo nacionalista, con parecidos argumentos en todos los países contendientes. Claro que hay nacionalismos pacíficos y legítimos, y claro que no es igual moralmente el patriotismo de los agresores que el de los agredidos, ¡pero cuánto dolor han traído a Europa y al mundo aquellos que han hecho valer sus argumentos blandiendo, a modo de espada, una bandera! 














viernes, 28 de febrero de 2014

La transformación de la mirada (Imágenes de ARCO 2014)


Fuimos, como todos los años, a dejarnos sacudir por esa inyección de creatividad, espectáculo y provocación que ofrece ARCO. Siempre me resulta una experiencia estimulante. Salgo en un estado de inquieta exaltación y compruebo que ha tenido lugar alguna transformación en mi mirada. Durante un largo tiempo después no soy capaz de ver las cosas como antes de entrar en los pabellones del IFEMA. Hermoso o turbio, fructífero o extraviado, deliberado o azaroso, el mundo toma la apariencia de una obra de arte. La vida parece refulgir con alguna nueva dimensión que la hace más afilada. Más intensa.