viernes, 30 de marzo de 2012

eBook y nueva edición de "El heredero de Tartessos" en Ediciones Evohé

Tras las tres primeras ediciones en papel, publicadas por Imágica Ediciones, El heredero de Tartessos emprende una nueva andadura con Ediciones Evohé. Y lo hace por partida doble. Por una parte, Evohé ha lanzado una nueva edición (¡la cuarta, quién lo iba a decir!) de libro físico, manteniendo en gran medida la identidad de la portada, aunque adaptada magníficamente a la línea gráfica de la colección de novela histórica de la editorial. Ha quedado un estupendo tomo de 407 páginas, muy agradable de leer.

Y, por otro lado, se ha lanzado el eBook, poniéndolo a disposición de los lectores en las principales plataformas de libros digitales. Es algo que me alegra particularmente: no hay más que viajar en metro para ver de qué modo los libros digitales están ganando lectores a toda velocidad. Es genial pensar que cualquiera puede descargarse el libro por apenas 4 euros.

Para quien se anime, puede adquirir el libro en la página de Evohé:

http://www.edicionesevohe.com/index.php?main_page=product_info&cPath=3&products_id=74

En Amazon:

http://www.amazon.es/El-heredero-de-Tartessos-ebook/dp/B007PG264A/ref=sr_1_19?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1332970276&sr=1-19

En FNAC:

http://ebooks.fnac.es/el-heredero-de-tartessos-arturo-gonzalo-aizpiri/9788415415077

En Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-el-heredero-de-tartessos-ebook/9788415415077/1976443

Y en Ciberdark.net:

http://ebooks.cyberdark.net/el-heredero-de-tartessos-ebook-n63301.html

viernes, 9 de marzo de 2012

Retratos de caligrafía en la New York Public Library

Qué extraño poder tienen las palabras escritas de hacer sobrevivir a su autor al paso del tiempo. Es el lenguaje lo que nos hace humanos, y lo que deja la más fiel huella de nuestra humanidad. Y mucho más si se trata de palabras manuscritas en un papel, como un mapa minucioso y lleno de matices de quien empuñó la pluma y su alma con ella.

Como los cuadernos maravillosos que vi ayer en la exposición que conmemora el centenario de la fundación de la New York Public Library. Allí estaba la caligrafía minúscula y de perfectas líneas rectas de Borges, el discurso cruzado de pulcras tachaduras que leyó George Washington en su despedida, los cuadernos de Jack Kerouac y Virgina Woolf (junto a él, el bastón que apareció flotando en la superficie del lago en el que un día decidió caminar hasta su muerte con los bolsillos llenos de piedras). Allí está la Declaración de Independencia de los EEUU de puño y letra de Thomas Jefferson, y el volumen de obras de Dickens anotado que éste utilizaba en sus conferencias.

Me ha emocionado leer esos textos a través del cristal de las vitrinas. En cada palabra está el momento único e irrepetible en que fue concebida, en cada una se halla aún vivo el aliento de aquellos hombres y mujeres extraordinarios. Eso descubrí en las venerables salas de mármol de la NYPL: que no hay mejor retrato de un ser humano, ni más perdurable, que su caligrafía. Que quiera obtener una porción de permanencia, no tiene más que tomar un papel y una pluma, y escribirse.






domingo, 4 de marzo de 2012

Con dos siglos de retraso

Con dos siglos de retraso llegó a puerto el cargamento de Nuestra Señora de las Mercedes. Ha tenido que pasar todo ese tiempo para que otros piratas como los de la flota inglesa que la hundió, comandada por el Vicealmirante Graham Moore, se apropiaran del tesoro que la fragata llevaba en su bodega. Y que luego se quedaran con un palmo de narices cuando la justicia lo devolvió a quienes perdieron a 249 hombres en su naufragio. En este tiempo tan parco en buenas noticias, le regocija a uno que, aunque sea con tanto retraso, se haga justicia de un modo tan espléndido.


He oído que Oddisey, la empresa pirata, ofreció a los descendientes de los oficiales de la Mercedes, un diez por ciento de los beneficios del botín si se personaban en la causa reclamando sus derechos como herederos. Ninguno accedió.


Lo contó Don Benito en Trafalgar:


El combate empezó al poco rato; nuestra fragata recibió la primera andanada por babor; se le contestó al saludo, y cañonazo va, cañonazo viene... lo cierto del caso es que no metimos en un puño a aquellos herejes por mor de que el demonio fue y pegó fuego a la Santa Bárbara de la Mercedes, que se voló en un suspiro, ¡y todos con este suceso, nos afligimos tanto, sintiéndonos tan apocados...!






lunes, 20 de febrero de 2012

Juan Pedro de Gaspar obtiene el Goya a la mejor Dirección Artística

Juan Pedro de Gaspar obtuvo ayer el Goya a la mejor Dirección Artística por su trabajo en Blackthorn. Sin destino, del director Mateo Gil.

Juan Pedro tiene un talento tan deslumbrante que no podía dejar de alcanzar, más temprano que tarde, un reconocimiento tan importante como este.

Además es un gran amigo, siempre dispuesto a echar una mano a quienes le pedimos ayuda. Buen ejemplo de ello es la portada de El heredero de Tartessos y el diseño de la línea editorial de la colección El Periscopio.

Enhorabuena y que disfrutes de tu éxito, amigo Juanpe.

domingo, 12 de febrero de 2012

El oro de los escitas en el Museo del Prado


No os perdáis la exposición de piezas del Hermitage en el Prado, está todavía hasta finales de marzo. Merecería la visita aunque sólo contuviera una de sus 180 obras maestras. Me refiero al peina escita de oro, del siglo V a. C., que muestra a un jinete combatiendo contra dos infantes, lanza en ristre. Es algo asombroso. Tiene una fuerza y una plasticidad espléndidas; un carácter de perdurabilidad, de tenacidad trágica que seduce a quien la contempla.





jueves, 2 de febrero de 2012

Tarteso existió



Tarteso existió. No es una leyenda, ni una fantasía, ni una hipótesis sin contrastar. Esta es la conclusión a la que ha llegado el I Congreso Internacional Tarteso: el imperio del metal que ha tenido lugar en Huelva entre los días 14 y 17 de diciembre, según una nota de prensa publicada el pasado 31 de enero.

La nota de prensa sintetiza los aspectos esenciales de un interesante manifiesto que han elaborado los participantes en el congreso, y que reproduzco a continuación. Por cierto que, entre otras cuestiones, el manifiesto enmienda la plana a quienes hemos venido atribuyendo a los cartagineses buena parte de la responsabilidad de la desaparición de la civilización tartésica. Y establece como nombre correcto Tarteso, en lugar de Tartessos. En fin, doctores tiene la Iglesia. Espero que me disculpen por mantener sin cambios el título de mi novela, El heredero de Tartessos.

En todo caso, bienvenido sea este renovado interés por Tarteso... o Tartessos.

MANIFIESTO POR TARTESO

MOTIVACIÓN


Ningún país debe renunciar a una parte de su patrimonio cultural; España no puede permitírselo. Tarteso no ha trascendido suficientemente los límites del conocimiento experto. Este vacío ha sido ocupado de forma muy irregular por el imaginario colectivo que, a falta de datos de realidad, los suple con fantasías carentes de valor en la mayor parte de los casos.

Los investigadores, conocedores expertos en este ámbito, tienen la obligación de transmitir el conocimiento adquirido, las diferentes posiciones y las razones que apoyan sus criterios, para que Tarteso deje de ser un territorio dominado por lo legendario y se convierta definitivamente en una propiedad colectiva.

Es obvio que no puede haber acuerdo entre los especialistas sobre la totalidad de los aspectos concernientes a Tarteso. Sin embargo, es imperativo establecer las características generales que conciten acuerdo para establecer los fundamentos de la cultura tartésica. Pero también hay que enunciar los aspectos controvertidos, destacando la posición más verosímil, sus dificultades y alternativas.


ORÍGENES Y CONCEPTO

En primer lugar hay que fijar el nombre. En castellano la forma correcta es Tarteso, el territorio Tartéside, sus habitantes los tartesios. En segundo lugar, hay que definir qué es Tarteso, asunto que se aborda en los párrafos siguientes.

Tarteso es la cultura del suroeste peninsular, confluyente con la presencia colonial fenicia, hechos que eclosionan en la brillantez y riqueza a las que aluden las fuentes literarias griegas con el nombre de Tarteso y, tal vez, alguna mención en las bíblicas.

Los testimonios arqueológicos dan cuenta de una gran diversidad demográfica en la citada confluencia: centros o asentamientos de directa creación colonial, a los que se incorporan contingentes autóctonos; o centros preexistentes de tradición precolonial al que se incorporan los colonos semitas con resultados, en la generalidad de los casos, de formaciones sociales de comunidades yuxtapuestas o híbridas en las que se documenta el uso de lenguas diversas. Allí se decanta lo que entendemos por Tarteso, donde la influencia helénica, más o menos antigua, se intensifica en el último tercio del siglo VII. Por otra parte, la aportación etnocultural indoeuropea es asimismo importante.

Estos fenómenos, que tienen su desarrollo histórico en tiempos que remontan al siglo IX a.C., experimentan un amplio desarrollo en las centurias siguientes, fundamentalmente en los siglos VIII, VII a.C. Previamente se perciben procesos de jerarquización social y organización territorial, asociados a contactos tanto con las culturas avanzadas del centro y el oriente mediterráneos, como con el mundo atlántico, relaciones de difícil explicación por la parquedad de los datos arqueológicos. Según algunos autores en esta etapa pueden detectarse ya raíces de lo que será Tarteso. En este sentido, las primeras cerámicas de tradición micénica, ciertos materiales sardos, las “estelas del suroeste”, entre otros testimonios, se convierten en posibles indicadores de una articulación económica y social que será aprovechada por los colonos fenicios para el rápido y potente desarrollo de sus objetivos coloniales.


TERRITORIO Y ORGANIZACIÓN

Todo parece indicar que Tarteso, en su período de esplendor (750-550) es un territorio articulado en unidades políticas independientes al modo de ciudades-estado.

No podemos identificar con certeza esas ciudades, pero se podrían sugerir de oeste a este Onoba (Huelva), Ilipla (Niebla), Spal (Sevilla), Asta Regia, Carmo (Carmona) y, quizá, más al este Corduba (Córdoba) o Ategua. Este espacio coincide con lo que tradicionalmente se ha considerado el Tarteso nuclear. La vieja idea de un territorio político unificado desde el Algarve hasta Cartagena, apoyada en algún texto literario y en la autoridad de Schulten, actualmente está desechada.

Esta estructura se proyecta por los territorios colindantes, dando lugar a nuevas unidades políticas que culturalmente algunos autores consideran asimismo partícipes de la Tartéside, como Conistorgis (Medellín) o Kastolon (Cástulo). Pero esto no significa que hubiera una unidad política y territorial de todos los espacios en los que aparece escritura, toponimia o materiales de origen tartésico. Al frente de esas unidades políticas hay un jerarca que se podría ejemplificar con el Argantonio de Heródoto.

El carácter urbano de esta sociedad implica la existencia de aristócratas, como se aprecia de manera espectacular en la necrópolis onubense de La Joya. La presencia fenicia ofrece a esas aristocracias un nuevo lenguaje estético e ideológico que se engloba bajo la etiqueta de lo orientalizante, en coincidencia con los fenómenos similares y contemporáneos documentados en otras áreas, como Etruria, el Lacio, Grecia, Tracia y otras culturas en las que aparece contemporáneamente la ciudad como centro político regido por una clase aristocrática.

La explotación de los recursos naturales, agrícolas, ganaderos y mineros, se realiza a partir de las relaciones sociales gentilicias que caracterizan la estructura social, aunque progresivamente la especialización laboral (ceramistas, metalúrgicos, canteros) irá disolviendo las relaciones de parentesco para favorecer el desarrollo de una sociedad organizada por las relaciones derivadas de la producción. Es probable que la desaparición de la cultura tartésica se produjera antes de que ese proceso de transformación social quedara culminado.


EL FIN DE TARTESO

Las circunstancias en las que se produce la desaparición de la cultura tartésica no son claras. Ya no se acepta la tesis de que Cartago fuera la causante de su destrucción, a pesar de que algunos estudiosos aceptan situaciones de conflicto bélico en relación con el final de esta cultura.

El hecho establecido es que a mediados del siglo VI a.C., se constata una disminución de la presencia griega en el suroeste y un cambio de agentes comerciales en Onoba. Aunque Gadir continúa su existencia, muchos de los enclaves fenicios se abandonan. Al mismo tiempo, se aprecia la concentración demográfica en menos núcleos que se configuran como grandes centros: Gadir, Malaka, Sexi, Abdera y Baria.

Mientras aumenta la población en los ámbitos periféricos, en la Tartéside nuclear se observa un decrecimiento demográfico unido a la consolidación de las estructuras urbanas hecho que permite aceptar la convención de que entonces da comienzo la cultura turdetana.

CODA

El esfuerzo realizado en las últimas décadas para comprender adecuadamente esta cultura ha sido extraordinario tanto por parte de las instituciones afectadas, como por parte de los estudiosos.
La encrucijada en la que se encuentra el análisis de esta cultura requiere una intervención decidida por parte de todas las administraciones públicas para promover la investigación arqueológica en los lugares que concitan acuerdo entre los expertos para recuperar restos verdaderamente innovadores. La dotación económica para excavar hábitats en extensión es una necesidad imperiosa para que el conocimiento sobre Tarteso logre dar un salto cualitativo.
Al mismo tiempo, las instituciones y los medios de comunicación deben intervenir para que Tarteso se convierta en un destino cultural, lo que puede favorecer sin duda el desarrollo económico de las áreas afectadas.
Finalmente, los responsables políticos y académicos deben cuidar para que Tarteso ocupe el lugar que le corresponde, como primera cultura letrada de la Península Ibérica, en el patrimonio cultural de nuestro país.

viernes, 30 de diciembre de 2011

"Anonymous" en el Museo de Arte Islámico de Doha

Camino del aeropuerto internacional de Doha hacemos un alto para visitar el Museo de Arte Islámico, situado en una península artificial junto al puerto pesquero donde atracan los dhows para los recorridos turísticos. El edificio ofrece una estampa extraordinaria, como un zigurat de paralelepípedos de piedra pulida flotando sobre la imagen especular de sí mismo que proyecta sobre las aguas calmas de la bahía. El conjunto es limpio y puro, extrayendo de la geometría un valor esencial e intemporal. Nos cuentan que es obra de I. M. Pei, quien se inspiró para su concepción en el sabil (fuente de abluciones) de la mezquita del siglo IX de Ibn Tulun en El Cairo. Dice Pei que es en la lógica geométrica, la simetría axial y la rotación de segmentos donde reside la esencia de la arquitectura islámica. No lo sé, pero es indiscutible que el resultado es cautivador.

También lo es el interior del museo, con un atrio central abovedado de cincuenta metros de alto, en el que el intenso sol del desierto forma enigmáticos efectos de sombra y luz. A su alrededor se superponen las cinco plantas de salas de exposiciones, que apenas si tenemos tiempo de visitar. Las piezas no son muy numerosas, y eso ayuda a prestarles atención. Todas ellas han sido adquiridas en los últimos años, derramando los formidables ingresos del gas de Catar sobre las casas de subastas de medio mundo, en un intento más de convertir este pequeño país en una suerte de epicentro del mundo islámico. Hay piezas maravillosas, como el halcón de piedras preciosas procedente de la India, por el que se pagaron 44 millones de dólares. O la sala de caligrafía, con textos deliciosos escritos con pan de oro sobre hojas de árbol. O la máscara de guerra turca del siglo XIV, como un Anonymous que se burla de todos nosotros desde su vitrina.

Toda la fachada norte está formada por una superficie de cristal de cuarenta y cinco metros de alto, a través de la que se contempla el Golfo Pérsico (llamado aquí, por cierto, Golfo Arábigo) y, al otro lado de la bahía, el skyline de Doha. Es un espectáculo asombroso. Las torres ultramodernas y las grúas surgen allá enfrente, como surtidores de acero y cristal, en una estrecha franja entre el desierto y el mar. Es el paraíso de los arquitectos, compitiendo todos por dejar su impronta en un perfil que cambia de año en año, como un delirante organismo vivo que es, sin embargo, completamente artificial. Todo, hasta lo que tiene aire de antigüedad, está recién construido, desde los zocos hasta las islas, desde los parques hasta los palacios de exposiciones. Un organismo por cuyas venas circulan los dólares del gas que el azar quiso poner bajo las arenas del desierto.

Tal vez de eso se ría la máscara del museo. De lo extravagante que puede llegar a ser la vanidad de los hombres, en Doha y en cualquier lugar del mundo.

Al despegar pasamos sobre el museo, una gema blanca refulgiendo al sol de la tarde. El estrecho de Ormuz se despliega hacia el horizonte como un desierto de color esmeralda.