viernes, 22 de octubre de 2021

"ETRUSCOS, EL AMANECER DE ROMA" en el MARQ


La exposición «Etruscos, el amanecer de Roma», que exhibe el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), es una valiosa demostración de la extraordinaria sofisticación que alcanzó una de las más cercanas, pero peor conocidas en España, civilizaciones mediterráneas. En la exposición se presenta la religiosidad como un elemento central del mundo etrusco; los etruscos atribuyeron a la divinidad el sentido de todo lo que acontece y desplegaron en las representaciones funerarias algunas de sus expresiones artísticas más características, muy bien representadas en las salas del MARQ.

Paseando por esas salas, escuchando la sugerente música ambiente de Ludovico Einaudi, es fácil sentir la nostalgia de las cosas bellas que se han perdido.  ¡Cuántas manifestaciones singulares del espíritu humano han sido extirpadas por la voracidad uniformadora de los imperios de todos los tiempos, y del romano en especial! La civilización etrusca fue apisonada por Roma pero, paradójicamente, precisamente en ese hecho residió una forma de supervivencia. En ocasiones la forma de perdurar de los perdedores es, precisamente, ser apropiados por los vencedores, penetrar como una enredadera en sus costumbres, sus creencias, su forma de vivir y morir.

Ese fue el caso de los etruscos: el panteón romano, el sistema numérico, los signos de poder, la arquitectura, la música o el teatro de Roma son en realidad préstamos culturales etruscos. Los etruscos perduraron moldeando el alma de Roma, sí, pero no pudieron entregarles su lengua, que se perdió para siempre. El recuerdo de Etruria es hoy memoria sin voz.

Tenéis tiempo hasta el día 10 de diciembre para ir a Alicante a visitar la exposición; os recomiendo que no dejéis de hacerlo.
















 

jueves, 14 de octubre de 2021

José Tono Martínez presenta "EL ANILLO DE GIGES" en EL PERISCOPIO

 


Con un retraso causado por los sobresaltos de la pandemia, por fin vamos a tener el placer de contar con José Tono Martínez en nuestro local El Periscopio, de Ediciones Evohé. Tono nos hablará de su último libro, El anillo de Giges, las peregrinaciones heterodoxas por Santiago, y de todo aquello que le queramos preguntar. Si quieres tener una buena conversación sobre literatura, historia y mitos jacobeos, te esperamos el viernes 22 a las 19:30 horas.

El anillo de Giges es un homenaje a Valle-Inclán y a J. R. R. Tolkien y a la tradición del anillo iniciada por este pastor tracio, si hemos de creer a Platón. El autor, al centrarse en Las peregrinaciones heterodoxas por Santiago, confiesa su propósito de contribuir a remitificar el Camino de Santiago, devolviendo algo de «chispa» a la exégesis un tanto triste que se nos suele proponer, y reconectando el Camino con su tradición celta y pagana.

Tras su Hijos del Trueno. Mitos y símbolos en el Camino de Santiago, prologado por Carlos García Gual, y con dos ediciones en Evohé, el autor busca alejarse de la imagen edulcorada del peregrino antiguo (y a veces del moderno) en cuanto ser piadoso y santo.

El anillo de Giges dedica una importante sección a heterodoxos y alquimistas, centrándose, entre otros, en Arnau de Vilanova, Raymundo Lulio y Nicolás Flamel, intérpretes del Cuerpo Hermético y buscadores de la Quintaesencia.

También comparecen los peregrinos olvidados, las peregrinas, pues toda mujer que peregrina es una rebelde, las beguinas de Hildegarda de Bingen, y las brujas y las hechiceras, depositarias del saber antiguo. Y otros grupos invisibilizados por la historia ejemplarizante del peregrino medieval: los chicos y jóvenes, los mendigos y los peregrinos del precariado, y los peregrinos gais.


miércoles, 6 de octubre de 2021

LA BODA DE ANÍBAL E IMILCE (Galería de ilustraciones de la TRILOGÍA DE ANÍBAL XXVI)

 


Es muy poco lo que sabemos sobre el matrimonio de Aníbal y la oretana Imilce, princesa de Cástulo; tenemos tan solo una vaga referencia de Tito Livio y algunos fragmentos del poema épico La Guerra Púnica, de Silio Itálico. Por eso, la escena que lo describe en La cólera de Aníbal, con el ritual que llevan a cabo ambos cónyuges en el templo de Atargatis de Qart Hadasht, en presencia del Sumo Sacerdote Zekárbal, es una combinación de unos pocos puntos de apoyo procedentes de los textos clásicos y de la arqueología, y, sobre todo, mucha imaginación.

En su nueva ilustración, Sandra Delgado nos hace centrar toda la atención en los tres protagonistas; en sus actitudes, sus adornos personales, sus manos y sus miradas. Y en ese gallo alrededor del cual todo gira: los sacerdotes tocando sus cuernos, la bahía de Qart Hadasht ocupando el horizonte en un vertiginoso escorzo cenital. Una maravilla. 

Si queréis refrescar la escena (pág. 246):

En ese momento se abrieron las puertas del templo y salieron Aníbal e Imilce tan radiantes de júbilo, juventud y belleza que la multitud enmudeció de admiración. Sósilo tuvo la certidumbre de estar viviendo un momento memorable, uno de esos que sirven para señalar, como miliarios romanos, los grandes hitos de los asuntos de los hombres. Trató de observar cada detalle, sintiendo de pronto la responsabilidad de tener que ser precisamente él quien dejara registrados para el porvenir aquellos sucesos extraordinarios.

Bajo la atenta mirada de Imilce, Aníbal se aproximó al Rab Kohanim y le entregó el gallo sacrificado. Esa fue la señal para que los sacerdotes comenzaran a tocar sus instrumentos y un clamor de alborozo se alzó en el patio del palacio. Poco después un eco le respondió desde la ciudad, que subió de tono hasta convertirse en un estruendo.


jueves, 30 de septiembre de 2021

UN SARCÓFAGO FENICIO CON UNA SORPRESA DENTRO (Dibujos Arqueológicos XV)


El Museo de Cádiz exhibe dos extraordinarios sarcófagos fenicios de mármol, representando respectivamente a un hombre y una mujer. El primero fue descubierto en 1887 en la necrópolis gaditana y, en gran medida, provocó la creación del Museo Arqueológico de la ciudad. El segundo, el femenino, apareció en 1980, casi un siglo después, muy apartado del anterior, dentro de una cámara rectangular hecha con piedra ostionera local. Llevaba un escarabeo al cuello y una pulsera con colgantes en forma de uræus egipcios. El cadáver estaba envuelto en tejidos, a la manera egipcia, en un sarcófago interior de madera del que solo se hallaron los clavos de bronce.

Los dos sarcófagos de mármol dan en el museo la impresión de una serena compañía eterna del hombre y la mujer representados en ellos. La sorpresa llegó en octubre de 2020, cuando se dio a conocer un estudio científico llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cádiz que revelaba que los restos alojados en el sarcófago femenino pertenecían en realidad a un hombre. Por el contrario, y aunque la investigación continúa en curso, parece que los que son de mujer son los del sarcófago masculino de 1887.

Una prueba más de que, también en arqueología, las cosas no son lo que parecen.


jueves, 23 de septiembre de 2021

EL TORO QUE TODO LO VE (Museo Arqueológico de Sagunto)

 


Hay que reconocer que, aunque sigamos siendo testigos a menudo de todo tipo de agresiones contra el patrimonio arqueológico, los poderes públicos autonómicos y municipales han hecho en estas décadas de democracia un esfuerzo por poner en valor parte del colosal legado que hace de España un país único en lo que toca a los vestigios del pasado. Buena prueba de ello son los museos arqueológicos que han alcanzado la mayoría de edad en multitud de poblaciones de muy diversa importancia administrativa y demográfica.

Un ejemplo perfecto de lo que digo es el Museo Arqueológico de Sagunto, inaugurado en 2007 en la Casa del Maestre Peña, un magnífico edificio del siglo XIV que en su restauración sacó a la luz restos íbero-romanos y vestigios de un cementerio islámico del siglo XI, como si quisiera con su propio subsuelo representar las principales etapas de interés arqueológico de la ciudad.

No puedo dejar de recomendar su visita. Es un museo a la altura de la importancia arqueológica de una ciudad que, al ritmo de sus sucesivos nombres -Arse, Saguntum, Morvedre, Sagunto- compendia de un modo espectacular la superposición de civilizaciones en nuestra costa mediterránea.

Puesto a destacar aquí alguna pieza, pero esperando que cada cual visite el museo y seleccione las suyas, me quedo con dos: el magnífico toro ibérico del s. IV a.e.c., que no deja de contemplarlo todo con sus ojos atónitos, y ese pedestal romano que recuerda la importancia de la ciudad en las guerras de la Antigüedad con su dedicatoria: "A Publio Escipión, cónsul y general en jefe, por haber devuelto Sagunto [a Roma] mediante decreto del Senado, en la Segunda Guerra Púnica".















viernes, 17 de septiembre de 2021

LOS LOCOS AÑOS VEINTE en el GUGGENHEIM de BILBAO

 


La exposición de "Los locos años veinte" en el Guggenheim de Bilbao es de las que hacen pensar. ¿Es cierto, como dicen, que aquellos años tienen muchos paralelismos con estos años veinte que ahora vivimos un siglo después? Yo no lo creo. Aquel fue un paréntesis de innovación y creatividad entre una guerra pavorosa, la Gran Guerra, y una crisis económica, la del crack del 29, que pavimentó el camino hacia otra guerra aún peor. Lo nuestro es algo traumático y sin precedentes, pero no puede rivalizar, por fortuna, con aquel horror.

Nada tiene que ver, tampoco, el papel del arte y el pensamiento para ayudar a transitar cada uno de estos momentos. Aquel arte deploraba el mundo que dejaba atrás, y se propuso cambiar la manera de mirar y de sentir. Lo hizo con una explosión de inconformismo, de experimentación, de indagación, de trasgresión. También se propuso, en palabras del movimiento Bauhaus, construir una sociedad mejor y más democrática, partiendo de la educación y la cultura. En los años 20 del siglo XX, el arte expresó la determinación de volver a empezar, de proporcionar un lenguaje y un relato a la transformación de la sociedad y del espíritu humano. El arte obraba la redención.

Lo de hoy es otra cosa. Más democrático y menos elitista, es verdad. Pero también más somero, más fungible, más efímero. El hoy se construye en gran medida con microproductos de cultura popular instantánea cuya aspiración es la viralidad.

Sin embargo, a pesar de sus buenos propósitos, los locos años 20 llevaron a los dementes años 30. Si el arte de aquellos días entraña alguna lección, alguna advertencia, no podemos pasarla por alto. Vayamos al Guggenheim, prestemos atención, y pensemos.














viernes, 10 de septiembre de 2021

IMILCE EN EL SANTUARIO DE AURINGIS (Galería de imágenes de la TRILOGÍA DE ANÍBAL XXV)


Me parece admirable cómo Sandra Delgado se supera a sí misma en cada ilustración para el libro de arte de la Trilogía de Aníbal, explorando nuevos ámbitos de la época en la que transcurren las novelas. Más allá de su extraordinario valor artístico, cada ilustración lleva consigo un minucioso trabajo de investigación en las fuentes académicas y arqueológicas. 

Esta escena de La cólera de Aníbal era especialmente retadora, con su carga de dramática espiritualidad. El resultado es impactante. Imilce, oficiando como sacerdotisa de la diosa Betatun, celebra ritos solares en el santuario de Auringis. En este caso la novela proporciona un guion que bebe directamente de las últimas investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en el oppidum jiennense de Puente de Tablas. No es de extrañar que lo que transcurría ante sus ojos causara en Aníbal tan honda impresión.

Aníbal miró a Sósilo y éste le devolvió un gesto mudo de estupor. El griego abrió la boca para decir algo pero le interrumpió un nuevo canto de los fieles congregados:

-¡Sálvanos, diosa redimida! ¡Sálvanos diosa que habita la luz y la sombra, la carne y la piedra! ¡Sacia el hambre de Neitin! ¡Entrégale la vida que anhela!

La mujer se puso en pie de nuevo, hizo desaparecer sus brazos fugazmente en el interior de su túnica y los alzó después dibujando con ellos curvas enfrentadas, imitando los cuernos del dios que presidía la escena desde el dintel de la puerta. Cada una de sus manos sostenía un puñal.

Fue la señal para que los hombres que llevaban a la cerda avanzaran hasta situarse a ambos lados del gran altar clavado en el umbral; el animal gruñó y pataleó en un estruendo de desesperación que pareció acompasarse al ritmo del tambor, cada vez más rápido, más rotundo, más inexorable.

La mujer se acercó y con uno de los puñales trazó un arco de plata que segó la garganta del animal, haciendo que sus chillidos se derramaran en un surtidor de sangre. Después, en una secuencia de movimientos que Aníbal apenas pudo seguir con la mirada, clavó el segundo puñal entre las ubres de la víctima y lo deslizó por toda la longitud del vientre. Éste se abrió como una fruta madura, desbordando una masa de pulpa rosácea sobre el altar.

Si quieres conocer los libros de la Trilogía de Aníbal: