Si
sois, como yo, amantes de la escultura ibérica, no os podéis perder los «diálogos»
entre algunas de las más destacadas piezas de la colección permanente del MAN y
sus «hermanas», procedentes de los mismos yacimientos españoles, que
permanecieron en el Louvre cuando, en 1941, se devolvió parte del patrimonio
comprado por esa institución a finales del siglo XIX, aprovechando la
inexistencia de legislación de protección del patrimonio en nuestro país.
Es
maravilloso ver reunidas de nuevo las parejas de esfinges de El Salobral
(Albacete) y Agost (Alicante), por ejemplo, o el conjunto de guerreros y
acróbatas de Osuna, en atractivos montajes temporales desperdigados por las
salas del museo. Aunque deja un cierto regusto amargo saber que, a partir del 10
de mayo, las piezas recuperadas temporalmente, verdaderas obras maestras,
volverán a su hogar parisino.





























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