El reinado de Asurbanipal (669-631 a.
C.) representa el cénit del imperio asirio, en términos de expansión
territorial, abarcando desde el Nilo y el Mediterráneo hasta el reino de Elam,
y de desarrollo económico y cultural. A ello contribuyó sobremanera la propia
personalidad de Asurbanipal, quien, siendo hijo menor del rey Asarhadón (y
nieto de Senaquerib y bisnieto de Sargón II), solo por una inesperada decisión
de su padre, fue nombrado sucesor.
Para entonces, el futuro rey ya había
aprendido a leer (incluso, según el mismo nos dejó dicho, textos de difícil
interpretación en sumerio y acadio), escribir, interpretar augurios y hacer
cálculos matemáticos. Ello fue en detrimento de su hermano mayor, Shamash-shun-ukin,
quien recibió como premio de consolación la corona de Babilonia. Este arreglo
solo calmó los ánimos durante unos años, pero a la postre no impidió que
estallara una larga y cruenta guerra entre los dos hermanos que acabó costando
la vida y el reino al primogénito. Fue entonces, con Babilonia sojuzgada, el
reino oriental de Elam derrotado y tomada y destruida la ciudad egipcia de
Tebas, cuando Asurbanipal hizo indisputado honor a su título de «Rey del mundo».
Esta historia es el tema central de la
exposición Soy Asurbanipal que se exhibe estos días en el CaixaForum de
Madrid. Incluye un gran número de piezas extraordinarias procedentes de la
colección del British Museum, sobre todo relieves de una impactante calidad
artística, representando escenas de caza y acontecimientos bélicos. Pero lo que
más me impresionado son las tablillas de cera impresas con escritura
cuneiforme, que formaron parte de los 10.000 títulos de la biblioteca real
fundada por Asurbanipal, la primera que se conoce. De las obras de literatura mesopotámica
que contiene, ninguna es tan famosa como la Epopeya de Gilgamesh, la
obra épica más antigua conocida. Algunos de sus pasajes se muestran en sus
tablillas originales en las vitrinas de la exposición, 26 siglos después de
haber sido escritas. Y lo leemos exactamente como salió de la mano del escriba.
Que me digan qué tecnología digital puede igualar eso.
Como suele ocurrir, el cénit no fue
sino el anuncio de la decadencia. Veinte años después de la desaparición de Asurbanipal,
Babilonia se tomó la revancha, redujo a cenizas Ninive, la capital asiria, e
hizo desaparecer el reino de Asur, que durante tres siglos había gobernado los designios
de Mesopotamia y de su vecindario.
No dejéis de visitar la exposición.
Está hasta el 4 de octubre, y es una maravilla.











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