viernes, 15 de enero de 2016

LA MEMORIA DE PIEDRA DE PANFILIA EN ANTALYA


Siempre que he tenido ocasión de visitar Turquía me ha impresionado la espectacular abundancia de restos arqueológicos grecorromanos, mucho peor conocidos que los bizantinos u otomanos, pero no menos impactantes. De hecho, aunque Turquía fue el centro de estos dos últimos imperios -el bizantino y el otomano-, no fue sino un territorio relativamente periférico del romano, y eso hace aún más notable e inesperado ese esplendor monumental.

Buen ejemplo de ello es la actual provincia turca de Antalya, situada en la costa meridional de Asia Menor, coincidente a grandes trazos con la antigua provincia romana de Panfilia. Recientemente tuve ocasión de visitarla y en una excursión relámpago pudimos conocer las ruinas de Perge, con su estadio y sus torres helenísticas, y las de Aspendos, con el teatro de Antonino Pío, uno de los mejor conservados del mundo romano. Muy cerca de ellas la ciudad de Antalya, derramándose por su acantilado junto al Mediterráneo, recibe al viajero con su espectacular Puerta de Adriano. Y todo ello en un radio de 45 kilómetros.

Quizá más que el inabarcable espectáculo de la ciudad de Roma, son estos rincones del Imperio los que me hacen intuir la vitalidad irrepetible de aquel mundo del que nuestros antepasados formaron parte. La memoria de piedra de Panfilia es en cierto modo también la de todos nosotros.















lunes, 4 de enero de 2016

CIUDADES DEL MUNDO ANTIGUO, de Jean-Claude Golvin (Desperta Ferro Ediciones)



Desperta Ferro Ediciones no deja de darnos alegrías; al lanzamiento hace pocos meses de la revista sobre ARQUEOLOGÍA E HISTORIA sigue ahora la de esta joya de Jean-Claude Golvin, que reconstruye con espléndidos dibujos las grandes urbes del mundo antiguo en el Mediterráneo y Oriente Medio. Más allá del valor historiográfico y divulgativo, el libro tiene un mérito especial: al menos a mí consigue transmitirme la impresión que debió producir vivir en estas ciudades donde la distribución de los espacios públicos y residenciales, de las infraestructuras y los conjuntos monumentales, proporciona una impresión de equilibrio y proporción a escala humana. No os lo perdáis:

CIUDADES DEL MUNDO ANTIGUO




jueves, 3 de diciembre de 2015

EL PERISCOPIO EMERGE EN PANGEA (Presentación de "Por Bretaña", de Joaquín Dicenta)


Desde el pasado mes de octubre Madrid cuenta con un nuevo y espectacular espacio dedicado a los viajes. Se trata de Pangea, en Príncipe de Vergara 26, con 1.500 m2, como ellos dicen, de inspiración viajera. Y desde que supimos de su existencia pensamos que no había mejor lugar para la presentación del nuevo título de nuestra colección El Periscopio: Por Bretaña, de Joaquín Dicenta.

Nos pusimos en contacto con los responsables de Pangea y de inmediato nos mostraron una entusiasta disposición a acogernos. Todo fueron facilidades, y el pasado martes 1 de diciembre un buen puñado de amantes de la literatura de viajes nos dimos cita en el local para escuchar a Jaime Alejandre, escritor y co-editor de El Periscopio, y José Ramón Trujillo, profesor de la UAM y responsable de la edición del libro. Fue un acto magnífico, en el que los ponentes hicieron gala de humor, inteligencia y erudición en abundancia, terminando con una reflexión colectiva sobre la forma de hacer compatible la globalización del deseo de viajar en este mundo superpoblado e insostenible.

Todos quedamos deseando leer el libro de Dicenta, y encantados con Pangea. Es todo un lujo para Madrid contar con un espacio como éste; sin duda se va a convertir en un lugar de referencia para todos los viajeros. Y merece nuestra gratitud el equipo de profesionales de la tienda; nos acogieron con una hospitalidad llena de amabilidad y buen humor.

No lo dudéis, pasaos por Pangea:


y comprad Por Bretaña:


En 1907 el escritor Joaquín Dicenta, en la cumbre de su resonante fama como dramaturgo, se encuentra retirado en Santander para escribir, e inicia un viaje por la montaña pasiega desde donde envía una serie de crónicas periodísticas al diario El Liberal. Tentado por el viaje hasta la lejana Bretaña, en julio se sube a un barco de pesca e inicia una serie nueva, «La costa bretona», en la que describe a sus lectores sus experiencias en la región francesa. Tres años después, Dicenta da a las prensas Por Bretaña (1910), un libro de viaje que tiene como tuétano las crónicas de la escapada agosteña.
Como en otros libros de viajes suyos, Joaquín Dicenta rehúye las descripciones comunes y las banalidades del turismo. Prefiere superponer al viaje real un mundo de lecturas e historia, lo que le permite pasar de la simple descripción a la reflexión política. Junto con la intertextualidad, las escenas marineras y de playa, así como las semblanzas de jardines, castillos y menhires, de tipos humanos y situaciones, permiten a Dicenta elaborar capítulos que oscilan entre la crítica social, el aguafuerte expresionista y la descripción impresionista y fantástica, esperables en una región cuya imagen en la época resultaba exótica, al mismo tiempo que llena de modernidad.
Además de la edición crítica de Por Bretaña, este volumen incluye Un paseo por Bretaña (1905), el relato del viaje que Rafael Reyes escribió para la revista Por esos mundos. La lectura del primero y del viaje de carácter turístico de Reyes, que repasa por las mismas fechas los principales jalones esperados por el público, incluido el Saint-Malo de Chateaubriand y la capital, Rennes, con su cercano bosque artúrico, permite experimentar el fuerte contraste entre ambos tipos de obra, así como resaltar la originalidad de la literatura de Dicenta.













viernes, 27 de noviembre de 2015

La ESTELA DE SOLANA DE CABAÑAS en el MAN


Las grandes estelas de piedra del Bronce Final que salpican el oeste de la Península siempre me han parecido objetos de otro mundo, como si las hubiera desperdigado una lluvia de meteoritos llegados del espacio. La extraña esquematicidad de sus figuras, el simbólico desequilibrio de las proporciones le da a las imágenes una impronta ajena y remota. El gran escudos con sus herrajes y el carro parecen representar artefactos espaciales. El hombre tendido, con sus extremidades de alambre y su cabeza esférica como una escafandra da la impresión de flotar en un estanque de piedra. En la soledad del Museo Arqueológico la estela de Solana de Cabañas parece el cadáver de un antiguo objeto mágico, una olvidada ingravidez ritual solidificada en un betilo de pizarra.







viernes, 23 de octubre de 2015

MEDINACELI entre la dignidad y el letargo


El arco romano de Medinaceli abre sus ojos atónitos al oleaje de montes verdigrises que se encrespan hacia el horizonte. Tras él la antigua ciudad de Occilis se debate entre la dignidad y el letargo. Acaba de comenzar octubre y ya hay en los ecos solitarios que alzan nuestros pasos una implacable promesa de invierno. Pero la ciudad aún lo pospone: hay conversaciones en el bar de la plaza Mayor, encendida por la dorada luz de las farolas; hay algunos visitantes pertinaces como nosotros taconeando por los empedrados; hay campanas tiñendo de metal el cielo estrellado. Después de cenar regresamos hacia el hotel rodeados la paciente soledad de la noche en los pueblos de Castilla. A lo lejos, en los grandes molinos de viento parapadean destellos de luz blanquísima como un enjambre de luciérnagas, inmóvil y efervescente.

Es importante venir a Medinaceli, visitar el palacio ducal, la Colegiata y el Aula Arqueológica con todo el esfuerzo y el afecto cívico que revela. Es importante entrar en los bares, los restaurantes y las tiendas, y charlar con los medinenses sobre cómo se ve el mundo desde las alturas de esta "ciudad del cielo". Es importante darse una vuelta por los pueblos próximos: por Somaén, Monteagudo de las Vicarías y Morón de Almazán, y hasta visitar el destartalado museíto del cercano yacimiento paleontológico de Ambrona, e incluso alejarse un poco hasta las salinas de Imón. Es importante porque la responsabilidad de mantener vivos nuestros pueblos la compartimos todos.

En la Colegiata de Medinaceli (Soria)
4 de octubre de 2015

Comimos en El rincón de Medinaceli, cenamos en Díptico y nos alojamos en el hotel Medina Salim. Todos merecen una nueva visita.












viernes, 9 de octubre de 2015

Elogio de la austeridad en Santa María de Huerta


Santa María de Huerta, desde el audiovisual que recibe al visitante, es un elogio de la austeridad. El canto gregoriano que resuena por todo el monasterio le sirve de banda sonora. Una única palmera, esbelta y desesperada, trata de escapar hacia lo alto de este severísimo encierro de piedra, hacia el cielo gris plomizo que se desliza despacio. En el refectorio, con su espaciosa nave, la frontera entre la luz y la piedra es al mismo tiempo nítida e imprecisa, como si todo se confundiera en un mismo silencio al contemplarlo. Son veinte monjes a 178 kilómetros de Madrid y parecen habitar un asteroide remoto extraviado en el espacio. En los monasterios que conservan una comunidad viva todo está empapado de una espiritualidad solemne que es preciso tomarse en serio. Aquí se siente uno más peregrino que viajero. ¿Quién no sentiría un anhelo imposible de permanecer, de disolverse en esta rutina letárgica donde todo está pautado por la regla de la Orden, donde todo parece repetirse hasta el infinito, como si hubiera desaparecido el mundo, el tiempo, la vida? Como si sólo perduraran la piedra y el silencio.l